Lo que consiguió el paro
Durante trescientos días, una ley sancionada por el Congreso, ratificada tras el veto y respaldada por un fallo de la Corte Suprema no logró que el Poder Ejecutivo se sentara a negociar. Dos días de paro sí. Esa es la síntesis más incómoda de la semana, y conviene decirla sin eufemismos: el Gobierno convocó a paritarias universitarias para el martes 1° de septiembre después de que los gremios profundizaran el plan de lucha, no después de que la Justicia se lo ordenara. La secuencia importa, porque describe qué tipo de vínculo se está estableciendo entre el Estado y el marco normativo que lo obliga.
El cumplimiento como resultado de la presión, no de la norma
El paro nacional docente universitario de 48 horas se desarrolló el jueves 27 y el viernes 28, convocado por la Confederación Nacional de Docentes Universitarios (CONADU) y acompañado por gremios como FEDUBA y por el Frente Sindical Universitario en distintas casas de estudio. La adhesión fue desigual según facultad y cátedra, como suele ocurrir, pero el alcance fue nacional: universidades como La Matanza y Luján comunicaron formalmente el impacto sobre el dictado de clases.
El planteo gremial es aritmético y verificable. Los trabajadores universitarios recuperaron 21,33 puntos de salario; el Frente Sindical Universitario reclama los 34 que considera adeudados, mientras la CONADU Histórica calcula la deuda a julio en un 31,2%. Ninguna de las partidas presupuestarias que contempla la Ley de Financiamiento Universitario fue actualizada a los valores de noviembre de 2023. Tampoco se cumplen los artículos 5° y 6°, cuya aplicación inmediata —actualización de salarios y de becas estudiantiles— fue ordenada por un amparo judicial ratificado por la Corte. Y quedan pendientes buena parte de los compromisos asumidos por el Ejecutivo en la primera mesa de negociación: actualización del 20% del presupuesto de funcionamiento, partidas para hospitales universitarios, compensación del FONID.
Los sindicatos sostienen que los incrementos otorgados en los últimos meses se definieron de manera unilateral, sin reapertura formal de paritaria y por debajo de la inflación. Estiman una pérdida cercana a un tercio del poder adquisitivo desde diciembre de 2023. El deterioro golpea con particular dureza a las dedicaciones simples y semiexclusivas, y aparece asociado a un fenómeno que las conducciones universitarias vienen advirtiendo: la migración de docentes e investigadores con posgrado hacia el sector privado o hacia instituciones del exterior.
Dos becas, dos criterios
Un detalle de la semana merece más atención de la que recibió. Entre los reclamos del paro figura el monto de las Becas Progresar, que permanece en 35.000 pesos desde septiembre de 2024 —una cifra que perdió cerca del 40% de su poder de compra en dos años, y de la que muchos estudiantes cobran solo el 80%—, mientras que las Becas Manuel Belgrano no solo recibieron un aumento tras las protestas anteriores: se duplicaron en cinco meses, de 81.685 pesos en marzo a 187.495 en agosto. Se trata de dos instrumentos del mismo sistema, dirigidos a poblaciones estudiantiles distintas, actualizados con criterios incompatibles entre sí. Cuando la política de becas se define por la capacidad de presión de cada colectivo y no por un criterio de equidad explícito, lo que se erosiona no es solo un monto: es la idea de que el acceso a la educación superior se sostiene sobre un derecho y no sobre una gestión discrecional.
Tucumán: dos armas en cuarenta y ocho horas y una respuesta que no es la esperable
El martes 25, un estudiante de catorce años ingresó con un arma de fuego a la Escuela Congreso de San Miguel de Tucumán y efectuó un disparo dentro del aula, que impactó contra una pared sin causar heridos. La institución activó protocolos, aisló al alumno y dio intervención a la Policía y a la Justicia. El jueves 27 se registró un segundo episodio con arma en la Escuela N° 110. El viernes 28, el vicegobernador Miguel Acevedo convocó una reunión en Casa de Gobierno con autoridades de Educación, Seguridad y la Policía.
Lo destacable es la orientación de la respuesta oficial. La ministra Susana Montaldo descartó explícitamente implementar controles de mochilas en los accesos escolares y señaló que el problema no se resuelve por esa vía. El Ministerio dispuso acompañamiento a estudiantes de distintos cursos con foco socioemocional y formación ciudadana, y el trabajo se orientó hacia la familia: el arma había sido llevada desde el hogar. La directora de la escuela subrayó que el adolescente no tenía antecedentes de conducta ni llamados de atención.
Vale sostener esa orientación aun cuando la presión pública empuje en sentido contrario. Convertir la escuela en un espacio de requisa no reduce la circulación de armas en los hogares; traslada a la institución educativa una función policial que no le corresponde y deteriora el vínculo pedagógico que es, precisamente, la condición para detectar y acompañar. La pregunta que abre el caso no es cómo revisar mochilas, sino por qué un chico sin señales previas encuentra un arma disponible y decide llevarla.
Mientras tanto, el sistema sigue enseñando
Conviene registrar lo que la semana también produjo, porque el conflicto tiende a ocupar todo el encuadre. El miércoles 26, el Ministerio de Educación de Tucumán y UNICEF Argentina reunieron a directores y supervisores de toda la provincia en el primer encuentro de la Red de Directivos 2026, dedicado a las transformaciones de la escuela secundaria: una continuidad directa de la discusión sobre conducción escolar que había dejado abierta el foro regional de la semana anterior.
En paralelo, la agenda pedagógica y científica escolar sostuvo su ritmo. El martes 25 cerró en La Banda del Río Salí la instancia provincial de Ferias de Ciencias tucumanas; el jueves 27 se realizó la instancia provincial de la Olimpíada Matemática ATACALAR; y el viernes 28, en Ushuaia, se desarrolló la 35.ª Feria provincial de Artes, Ciencias y Tecnología, con veintitrés años consecutivos de participación de escuelas de modalidad especial. Son actividades que rara vez llegan a los titulares nacionales y que constituyen, sin embargo, la evidencia más concreta de que el sistema produce conocimiento incluso mientras se discute su financiamiento.
Lectura de conjunto
La semana deja dos escenas que conviene leer juntas. En una, un gobierno nacional que se sienta a negociar recién cuando el costo político del conflicto supera al de incumplir una ley y una sentencia. En la otra, un ministerio provincial que, ante un hecho grave y con la opinión pública pidiendo controles, elige el acompañamiento socioemocional por sobre la requisa. Las dos escenas dicen algo sobre qué se entiende por gobernar la educación. En la primera, la norma es un obstáculo a administrar; en la segunda, la institución escolar sigue siendo pensada como un lugar de cuidado. La paritaria del 1° de septiembre dirá si la convocatoria fue una apertura real o un modo de descomprimir. Pero la pregunta de fondo ya está formulada: cuando el cumplimiento de la ley depende del volumen de la protesta, ¿qué le queda al que no puede parar?
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