El conflicto llega al secundario

El conflicto universitario se extendió esta semana al nivel medio. El martes 26 de mayo, estudiantes del Colegio Nacional de Buenos Aires y del Carlos Pellegrini votaron en asambleas tomar ambos establecimientos por tiempo indeterminado, en reclamo del cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario y para denunciar el impacto del ajuste sobre la educación pública. Ambas son instituciones preuniversitarias dependientes de la UBA, con larga historia de movilización estudiantil. La medida se produjo en el mismo momento en que los docentes universitarios cumplían la sexta semana consecutiva de paro. Argentina.gob.ar

La toma no suspendió completamente las clases. En las asambleas se acordó que cada estudiante podría optar por adherirse o no, y que en paralelo se organizarían clases públicas y actividades abiertas. Francisco Pitrola, presidente del centro de estudiantes del Nacional, explicó el reclamo con números: «Los profesores del Nacional Buenos Aires están cobrando un 30% menos que los docentes de las escuelas de la Ciudad. Históricamente, los docentes de los colegios preuniversitarios ganaban un 30% más que sus pares de la ciudad.» ANBInfobae

El jueves 28, el CNBA levantó la toma y retomó actividades. El Pellegrini, en cambio, sostuvo la medida de fuerza. El Diario del Lunes

La sexta semana de paro, frente a la Corte y en Pizzurno

Del 26 al 30 de mayo, la CONADU y los gremios de base llevan adelante la sexta semana de medidas de fuerza, con clases públicas frente al Palacio de Tribunales para exigir que la Corte Suprema se pronuncie, y concentración frente al Palacio Pizzurno para reclamar la apertura de paritarias. El plan de lucha siguió una escala progresiva: una semana de paro en marzo, dos en abril, tres en mayo. Un nuevo plenario nacional está previsto para el 5 de junio para definir las acciones del segundo cuatrimestre. Análisis DigitalEl Cronista

La respuesta del gobierno llegó esta semana: tras el endurecimiento del plan de lucha, otorgó un aumento salarial que el secretario general de FEDUBA, Pablo Perazzi, calificó de «verdadera vergüenza», y advirtió que «si el gobierno insiste en atacarnos y en ahogar presupuestaria y salarialmente a las universidades, vamos a redoblar la lucha». El conflicto no tiene fecha de resolución a la vista. La Corte Suprema todavía no se pronunció. Argentina.gob.ar

El vaso medio lleno: los aspirantes a docentes y la comprensión lectora

Esta semana, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires publicó los resultados de la primera evaluación diagnóstica de comprensión lectora aplicada a ingresantes a la formación docente. De 3.396 aspirantes que rindieron la prueba, 993 — el 29% — no alcanzaron el puntaje mínimo exigido. El titular que circuló en varios medios fue «alerta»: casi tres de cada diez aspirantes a maestros no aprueban la prueba de lectura. LatFem

Hay otro modo de leer el mismo dato. El 71% aprobó. El perfil de quienes rindieron es elocuente: el promedio de edad es 26 años, el 54% trabaja mientras estudia y el 33% viene del Gran Buenos Aires. Son, en su mayoría, personas que llegaron a la formación docente después de haber transitado un sistema educativo subfinanciado, con salarios docentes deteriorados que desalientan a los mejores egresados a quedarse en el aula, y que además sostienen una actividad laboral paralela mientras estudian. Que siete de cada diez hayan aprobado en ese contexto no es una alarma: es un dato sobre la resiliencia de quienes eligen la docencia a pesar de todo. Ámbito

La evaluación diagnóstica en sí es una buena noticia — conocer el punto de partida es condición para mejorar. El problema es el encuadre: cuando los resultados se presentan como evidencia de que «algo está mal» con los aspirantes, se desplaza la responsabilidad hacia los individuos y se oscurece la pregunta estructural. ¿Qué sistema de educación primaria y secundaria formó a estas personas? ¿Con qué recursos, con qué docentes, en qué condiciones? El 29% que no aprobó no es un dato sobre los aspirantes. Es un dato sobre el sistema que los precedió.

El estudio sobre celulares que no dice lo que parece

El mayor estudio realizado hasta ahora sobre la prohibición de celulares en escuelas de Estados Unidos analizó más de 40.000 establecimientos entre 2019 y 2026. Las prohibiciones estrictas redujeron el uso de celulares en clase del 61% al 13%, pero tuvieron un efecto «cercano a cero» en los puntajes de los exámenes. ANB

Los resultados no son inesperados. Son exactamente los que cabría esperar si se entiende que el problema del aprendizaje no es el celular. El bienestar estudiantil cayó en el primer año de las prohibiciones y recién en el tercer año superó los niveles iniciales; las tasas de suspensión mejoraron con el tiempo. Lo que el estudio confirma es que quitar el celular cambia el ambiente del aula pero no resuelve lo que hace que los estudiantes no aprendan. Las causas de los déficits de aprendizaje son anteriores al celular y más profundas: tienen que ver con las condiciones del trabajo docente, con el tiempo real de clase, con la calidad del vínculo pedagógico, con la infraestructura escolar. Parlared

El debate sobre celulares está llegando a Argentina con fuerza — varias provincias lo discuten y el gobierno nacional lo tiene en agenda. La tentación de importar la solución sin importar el diagnóstico es real. Lo que el estudio dice, si se lo lee sin premura, es que la prohibición puede ser parte de una política más amplia, pero no puede ser la política.

Lectura de conjunto

La semana concentró tres señales que apuntan en la misma dirección. El conflicto universitario se extiende al nivel medio mientras el gobierno responde con aumentos que los propios docentes rechazan. Los datos sobre comprensión lectora de aspirantes docentes se presentan como evidencia del fracaso individual cuando son evidencia del deterioro sistémico. Y el estudio sobre celulares confirma lo que la investigación educativa viene diciendo hace décadas: no hay atajos tecnológicos ni administrativos para los problemas pedagógicos. Las tres noticias tienen en común que ofrecen una lectura fácil que desplaza la responsabilidad del sistema hacia las personas — los aspirantes, los estudiantes, los teléfonos. El trabajo de deCeducando es el otro encuadre.

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