Lo que preocupa y lo que no
Esta semana, Argentinos por la Educación publicó un informe sobre percepción social de la educación a partir de los datos de Latinobarómetro. El número que ordena todo lo demás es este: solo el 5% de los argentinos considera que la educación es el principal problema del país. Ocupa el séptimo lugar entre 46 problemas posibles, muy por debajo de la economía y la inseguridad. La satisfacción con la política educativa del gobierno nacional ronda el 25-28%, y casi la mitad de los encuestados —el 49%— se declara «nada satisfecho».
Hay algo incómodo en ese cuadro. Las universidades llevan meses en conflicto, los colegios secundarios se tomaron hace dos semanas, los docentes universitarios cobran la mitad de lo que cobraban hace dos años. Y sin embargo, la educación no figura entre las primeras preocupaciones de la sociedad. La lectura fácil sería que a la gente no le importa. La lectura más honesta es otra: cuando la economía y la inseguridad ocupan el centro de la angustia cotidiana, la educación se vuelve un problema de segundo orden — no porque no importe, sino porque la urgencia material desplaza todo lo demás. El informe muestra además que la preocupación por la educación crece con el nivel socioeconómico: el 8% de los sectores altos la señala como principal problema, frente al 6% de los sectores bajos. Para quien tiene resueltas las urgencias inmediatas, la educación aparece. Para quien no, queda atrás. Eso también es un dato sobre la desigualdad.
El conflicto universitario: una negociación que no cierra
El conflicto universitario tuvo esta semana un movimiento concreto. El subsecretario de Políticas Universitarias, Alejandro Álvarez, se reunió con el presidente y el vicepresidente del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), Franco Bartolacci y Anselmo Torres, con una propuesta sobre la mesa: una recomposición salarial del 24,3% —un 21,3% en junio y el 3% restante en octubre—, más una actualización del 50% para las becas Manuel Belgrano, un incremento del 20% en gastos de funcionamiento y fondos para los hospitales universitarios. Los rectores consideraron la propuesta razonable. Pero no hubo acuerdo.
La condición que el Ejecutivo impuso es la misma de siempre: que las universidades retiren la demanda judicial que aguarda resolución en la Corte Suprema. Bartolacci fue claro: «Eso no va a suceder de ninguna manera. No estamos dispuestos a hacerlo.» Retirar la demanda sería resignar la única palanca judicial que tiene el sector. El miércoles 3 y el jueves 4, la FEDUN y la FATUN llevaron adelante 48 horas de paro. La CONADU Histórica convocó un nuevo paro para la semana del 16 al 20 de junio. Para el martes 9, los gremios concentran frente al Palacio de Justicia. Un dato que el gobierno no menciona: la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) calculó que aplicar la ley cuesta unos 3,6 billones de pesos, frente a los 5 billones de renuncia fiscal que significaron las rebajas a Bienes Personales en 2024 y 2025. El dinero existe. Lo que falta es la decisión de usarlo para esto.
Google, Sadosky y la IA que entra a las aulas
El lunes 2 de junio, en el evento «Construyendo el Futuro Juntos» organizado por Google en Buenos Aires, el Secretario de Innovación, Ciencia y Tecnología, Darío Genua, anunció el programa «Experience AI», impulsado por la Fundación Sadosky en alianza con Raspberry Pi y Google DeepMind: capacitará a 1.600 docentes y alcanzará a 144.000 estudiantes. En el mismo evento, Google anunció 10.000 becas vinculadas a IA y proyectó que una adopción estratégica de la tecnología podría aportar más de u$s43.000 millones anuales a la economía argentina. Según un estudio de Google junto con Ipsos, el 65% de los argentinos ya usa herramientas de IA en su vida cotidiana, por encima del promedio global del 62%. CONADU
La formación docente en IA es una necesidad real. Pero el contexto en que llega merece atención: la Fundación Sadosky depende de la Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, el mismo organismo que en mayo sufrió un recorte de $4.490 millones en el marco de la Decisión Administrativa 20/2026. Se anuncia formación en IA sobre el andamiaje institucional que el propio gobierno reduce. La modernización avanza en el evento corporativo; el organismo que debería sostenerla, se achica.
La mejor escuela del mundo es un campamento de refugiados
En contraste con casi todo lo anterior, una noticia que vale la pena mirar de cerca. El Proyecto Alsama, una organización educativa liderada por refugiados en Líbano, ganó esta semana el primer Global Schools Prize de la Fundación Varkey y UNESCO: medio millón de dólares a la mejor escuela del mundo. Alsama atiende a más de 1.100 adolescentes sirios y palestinos desplazados, excluidos de la escolaridad tradicional, y fue uno de los pocos proveedores educativos que mantuvo clases diarias durante los conflictos de 2024 y 2026. Cerca del 90% de sus estudiantes llega sin saber leer, escribir ni hacer operaciones matemáticas básicas, y la mayoría aprende a hacerlo en apenas seis meses. FeriadellibroFeriadellibro
El dato es deslumbrante y también es una pregunta. ¿Qué hace que una escuela en un campamento de refugiados, sin edificio propio ni presupuesto estatal, logre alfabetizar en seis meses a adolescentes que llegaron sin saber leer? La respuesta que da el propio proyecto no tiene que ver con tecnología ni con infraestructura: tiene que ver con el vínculo, con la pertinencia, con tratar a esos adolescentes como sujetos capaces. Es una lección incómoda para los sistemas que tienen todo —edificios, presupuesto, calendario— y aún así no garantizan los aprendizajes. Lo que transforma una escuela no es lo que tiene. Es lo que hace con lo que tiene.
Lectura de conjunto
La semana ofrece un contraste que vale la pena sostener. Por un lado, los datos del Latinobarómetro muestran una sociedad que no pone la educación entre sus primeras urgencias. Por otro, el conflicto universitario sigue sin resolución, la IA entra a las aulas de la mano de las corporaciones mientras el Estado recorta sus propios organismos de ciencia, y una escuela de refugiados sin recursos demuestra que lo que transforma la educación no es el presupuesto sino lo que se hace con él. Ninguna de estas noticias se explica sola. Juntas dibujan un sistema que discute su financiamiento en los tribunales, su modernización en los eventos corporativos y su sentido en los márgenes —en un campamento de Beirut, justamente donde nadie esperaría encontrarlo.
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