Por Marcelo Crisafio
En la etimología del número anterior llegamos a la conclusión de que “estudiar no es cosa de niños”. Previamente hicimos un recorrido por las implicancias positivas y negativas de ser joven, hablamos de los típicos trabajos para pibes y de las actitudes y aptitudes (acciones si se quiere) que se le exigen a ese pibe cuando ingresa en la escuela. Si no las recuerda, reléalas y compare con las que se le piden (o mejor, se asume que ya tiene) al docente, que es el adulto (el no pibe) de esta ecuación. Son prácticamente las mismas. Por eso dijimos, también, que “el pibe, cuando entra en la escuela, empieza a dejar de ser pibe” dado que su principal actividad, ahora, es estudiar.
Muchas veces en el aula decimos “vamos a trabajar con este libro, con esta idea, de esta manera” y en ese nosotros todos conforman un grupo de personas que está en condiciones de estudiar, es decir, de hacer una tarea típica de adultos (de no pibes), de manera adulta, dado que todos en ese conjunto o son adultos o van camino a serlo.
Esto está claro desde la etimología. El verbo adolescere en latín significa crecer. Su participio presente activo es adolescente (creciente, que crece, que está creciendo). Su participio perfecto pasivo es adultus (crecido, que ya ha crecido, que terminó de crecer).
La falsa etimología de adolescente, que ha circulado durante tantos años (aquella que dice que deriva de adolecer) ha menoscabado la esencia del estudiante al sugerir que éste carece de la capacidad de aplicarse, esforzarse, concentrarse, dado que este último es, precisamente, el significado etimológico de estudiar.
El verbo latino studere, en principio, significaba ´dedicarse con atención´, ´hacer algo con ganas´, ´realizarlo con afán´, ´tener gusto por hacer algo´. Para el significado actual los latinos utilizaban el verbo discere que está en la raíz de «disciplina» y «discípulo». Por ejemplo: studere musicam (dedicarse a la música) y discere humanum corpum (estudiar el cuerpo humano). En el siglo I d. de C. comienzan a aparecer expresiones como litteris studere (dedicarse con aplicación a las letras) que ya va dirigiéndose a la idea actual de estudiar que tiene ese matiz de obligación, de aburrimiento y de displacer.
Viene aquí en nuestra ayuda la etimología de escuela (del griego scholé), ´tiempo libre´, ´ocio´. Así que si yo digo “en la escuela estudiamos”, etimológicamente estoy diciendo “en el tiempo libre, en el tiempo de ocio en que no estamos trabajando, nos dedicamos a lo que nos gusta y lo hacemos deseosos, con muchas ganas y nos aplicamos a ello con esfuerzo, obteniendo placer”.
Estudiar no es negocio (del latín nec otium, ´no ocio´). El negocio es lo que un latino hace para comer, para ganarse la vida tal como entendemos nosotros hoy nuestra profesión o trabajo. En cambio laborare u operare (trabajar) es una tarea que conlleva un esfuerzo, que se hace porque es necesaria y útil y no implica necesariamente ganar dinero; e incluso se aprovechaba el momento de ocio para hacer labores placenteras. Algunas de ellas pueden ser leer, practicar una actividad artística o -como Catón- dedicarse a la agricultura ya que, según él mismo lo expresa, “agricultura magistra vitae est” (la agricultura es maestra de vida). El momento de ocio era el que se aprovechaba para hacer una labor como estudiar y aprender por el placer que esto conlleva, para construirse uno mismo. Se utilizaba para “cultivar el espíritu” (del verbo colere cuyo participio de futuro, ´cultura´ significa “las cosas que deben ser cultivadas/cuidadas”). Recuérdese el precepto latino nosce te ipse (conócete a ti mismo) como uno de los pilares de la sabiduría. Adquirimos conocimiento para conocernos a nosotros mismos, para construir más conocimiento y en esa acción, ser, porque el conocimiento nos alimenta y nos hace crecer; por eso somos alumnos (del latín alumnus, ´alimentado´).
Tal vez sea momento de volver a la concepción de que en el tiempo infecundo, cuando no estamos ganándonos el pan, en el momento de ocio (escuela) nos apliquemos con afán y por el placer de hacerlo a adquirir y preservar conocimientos (cultura) que nos harán crecer, que nos harán ser. Eso será estudiar.
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Marcelo Crisafio
Profesor de Castellano, Literatura y Latín, profesión que ejerció y ejerce en colegios de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires. Durante años se dedicó a la enseñanza del español como Lengua Extranjera. Actualmente estudia Bibliotecología en la Biblioteca Nacional. Es editor principal de la sección «Etimologías».
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