Por Gastón Sprejer
El idish ha sido históricamente el idioma de los judíos askenazíes, aquellos que habitaron Europa Central y Oriental. En estas comunidades, la vida cotidiana era bilingüe: al ser la lengua de los textos sagrados y las actividades religiosas, el hebreo ocupaba un lugar de prestigio y superioridad espiritual. Por otro lado, el idioma empleado para la vida diaria y los escritos no religiosos era una variante germánica que los judíos habían adoptado tras siglos de interacción con las sociedades europeas. Este idioma, cercano en vocabulario al alemán moderno, presentaba estructuras diferentes y estaba enriquecido con abundantes palabras provenientes del hebreo, así como términos tomados de las lenguas eslavas dominantes en Europa del Este, como el polaco y el ruso. De esta fusión y combinación de elementos diversos surgió el idish, un idioma único y dinámico.
A mediados del siglo XIX, el idish experimentó un florecimiento cultural reflejado en la literatura, que abarcaba novelas, cuentos, poesía y obras de teatro. En el siglo XX, se consolidó como una lengua clave en Europa del Este. El teatro, el cine, la literatura y las publicaciones de periódicos en idish vivieron una época de esplendor. Asimismo, la cultura idish dejó un legado musical significativo, con canciones que abordan temas como el amor, la pérdida, el exilio y las tradiciones, además de la música klezmer.
En su novela La última actriz (Seix Barral, 2024), Tamara Tenenbaum narra la historia de Sabrina, una investigadora que decide rastrear las huellas del teatro judío en Argentina. Para ello, recurre a Jaim, un viejo profesor que le sugiere revisar los restos de los archivos de la AMIA, la mutual judía que sufrió un atentado terrorista en 1994. La investigación avanza con dificultad, ya que gran parte de los documentos fueron destruidos por la explosión. Sin embargo, la situación cambia cuando un coleccionista le ofrece una caja. En su interior, Sabrina descubre el diario de Jana, una actriz del teatro idish en Buenos Aires.
La novela, además de ser una atrapante historia acerca de dos mujeres que “dialogan” a partir del diario, es una hermosa oportunidad para, a través de los personajes, revalorizar la importancia del teatro idish en la escena porteña. Daniel, uno de los personajes que es el director del grupo de teatro donde ensaya Jana, afirma que el idish configura un teatro vanguardista precisamente porque no pertenece a ningún lugar. Es un idioma de la errancia, impregnado de todo lo que hay en Europa. Según él, el teatro idish aborda de manera central la tensión entre la tradición y lo nuevo, enfrentando la Europa ilustrada con la medieval, la razón con la religión, y a los hijos con los padres.
El surgimiento del teatro idish en Argentina comenzó casi al mismo tiempo que el crecimiento de la colectividad judía en el país. Entre las décadas de 1930 y 1950, Buenos Aires contó con cuatro teatros dedicados casi exclusivamente a la presentación de obras en idish: el Excelsior y el Soleil, ambos en el barrio de Abasto; el Mitre, en Villa Crespo; y el Ombú, ubicado en el barrio de Once, donde posteriormente se construiría el edificio de la AMIA. En la década de 1950, se sumó el teatro construido por el IFT (Idisher Folks Teater) en la calle Boulogne Sur Mer, consolidando la presencia del teatro idish en la escena cultural de Buenos Aires. Sabrina plantea, como hipótesis de su investigación, que una identidad se disolvió en otra: el teatro idish se asimiló en el teatro porteño, no como una forma de desaparición, sino como un camino hacia la vida eterna, reencarnando en otras identidades.
Tenenbaum publica su libro poco después del estreno de Las Moiras en el teatro porteño, la primera parte de El Dibuk, dos covers, un díptico en homenaje a El Dibuk de S. Ansky, una de las obras más emblemáticas del teatro judío. Escrita originalmente en ruso y traducida al idish por el propio Ansky, esta pieza se considera un pilar del teatro idish. Posteriormente, se estrenó la segunda parte del díptico, El día más largo del mundo. Ambas obras de Tenenbaum resignifican componentes de la obra de Ansky, trasladándolos al contexto del judaísmo ortodoxo argentino del siglo XX.
Tamara Tenenbaum no solo escribe una novela que habla de la historia del teatro idish, sino también estrena obras de teatro reivindicando esta rica tradición cultural. Sus obras permiten que el teatro idish dialogue con los problemas contemporáneos, explorando cuestiones como la identidad, el género, la sexualidad y la tensión entre lo viejo y lo nuevo. Esto logra mantener viva la cultura idish mientras la adapta a los desafíos y reflexiones del presente.
¿Puede el idish, con su historia de migraciones y resiliencia, hablar de la cultura porteña? ¿Es posible que lo viejo dialogue con lo nuevo, transformándose sin perder su esencia? ¿Nos permite este idioma de la errancia seguir reflexionando sobre quiénes somos y hacia dónde vamos? La cultura idish no solo constituye una oportunidad de redescubrir la memoria cultural, es también una herramienta para interpretar nuestro tiempo.

Gastón Sprejer
Gastón Sprejer
Profesor de Filosofía (UBA). Se desempeña como docente de nivel medio y superior en instituciones de gestión estatal y privada en materias afines. Coordina diferentes propuestas educativas. Es editor principal de la sección “Bibliotecando”.
