Por Marcelo Crisafio
Antes de comenzar este escrito estuve un largo tiempo ante la hoja en blanco, como suele ocurrir, hasta que recordé unas palabras de mi profesor de Fundamentos de la Educación. Textualmente dijo: “Enseñar no es transmitir. Enseñar es enseñar a aprender”. Veamos por qué esa fue la inspiración de los párrafos que siguen.
Inviare en latín significa “enviar”. Literalmente, “poner en camino” ya que es un compuesto de in + via. Pero en el latín clásico hay un verbo mucho más usado para la idea de enviar y es el verbo mittere. De la raíz de su participio irregular missum derivan las palabras “misa” y “misión”. La raíz pura ha quedado en varios verbos con prefijo como admitir, emitir, omitir, permitir, dimitir y transmitir, entre otros. Los prefijos, como les explico a mis alumnos, nos obligan a concentrarnos en un matiz de esa idea principal que está en la raíz. Nos fuerza a darle importancia a ese aspecto específico. Podemos ver esta idea claramente en el verbo transmitir -tan ligado a la educación- compuesto de trans-, a través de y mittere, enviar. El prefijo trans– le da valor al camino, al proceso, a cómo fue el desarrollo de ese envío. Si transmitir nos obliga a centrarnos en ese trayecto, convengamos entonces que transmitir no es enviar. Notemos que el objeto enviado (el conocimiento en este caso) se queda con el emisor. Y que el objeto recibido por el receptor no es exactamente el mismo porque hubo una ampliación, un perfeccionamiento en el transcurso del viaje, una resignificación, una trans-formación.
Si la escuela es el baluarte de la cultura -de las cosas que serán cuidadas- ésta debe entonces garantizar las condiciones, asumir la responsabilidad, construir el camino de la transmisión cuyo fin es el aprendizaje. Transmitir es legar, es donar, es entregar en herencia.
Si la transmisión educativa no es un mero pasaje, entonces toma importancia la relación entre sus elementos (docente, objeto de conocimiento y alumno). Allí radica la tensión entre un emisor activo que ofrece un objeto de conocimiento y un receptor que se apropia de ese objeto y lo carga de su singularidad, de un rasgo distintivo. El otrora receptor está listo, ahora, para convertirse en emisor.
Si estudiar, como dijimos en el número anterior, es realizar algo con deseo, con amor, dedicarse con atención, nada de esto se lograría si no es desde una perspectiva humanista y en un contexto de libertad que permita la transformación, la re-creación, la invención. De esta última idea concluyo que transmitir es enseñar a aprender.

Marcelo Crisafio
Profesor de Castellano, Literatura y Latín, profesión que ejerció y ejerce en colegios de la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires. Durante años se dedicó a la enseñanza del español como Lengua Extranjera. Actualmente estudia Bibliotecología en la Biblioteca Nacional. Es editor principal de la sección «Etimologías».
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