por Pablo Americo (staff)

Muchos de nosotros habremos escuchado hablar sobre el “milagro económico coreano”, que esconde detrás de él un proceso de industrialización acelerada realizado de la mano de los dictadores Syngman Rhee y Park Chung-hee, este último asesinado por el director de la Agencia Central de Inteligencia Coreana aún proyecta su poderosa sombra sobre la política surcoreana, con un apoyo financiero desmedido de parte de Estados Unidos y Japón, en medio de las tensiones crecientes de la Guerra Fría. Ahora, con los cines occidentales inundándose con producciones surcoreanas y miles de adolescentes, y no tan adolescentes, fascinados y fascinadas con las bandas k-pop, podemos preguntarnos ¿está en marcha el milagro de la industria cultural coreana?

La pregunta que acabo de plantear excede mi capacidad, mi conocimiento y el espacio de este texto, que en verdad piensa usarla con una excusa muy específica: preguntarse por el financiamiento y apoyo estatal que ha recibido el cine surcoreano, sugerir sus paralelismos con otras políticas culturales alrededor del globo y recomendar, esto es lo importante, varios de los clásicos modernos que ha regalado el cine de lo que alguna vez fue un “reino ermitaño” aislado del mundo.

Para ir picando, algunas claves del apoyo estatal a la producción cinematográfica coreana: 1) la creación en 1963 de una cuota de cine autóctono obligatoria: los cines surcoreanos deben pasar durante al menos 146 días al año cine nacional, una reglamentación que recién comenzó a cumplirse a rajatabla a partir de 1993, año que (¡oh sorpresa!) puede ponerse como un grado cero para el inicio de lo que hoy se conoce como la “Nueva Ola Coreana”; 2) el fin del período de censura gubernamental fuerte entre 1973-1992 por parte del “régimen militar” permitió un florecimiento de proyectos con “morales liberales” que repasaremos a continuación1; 3) la “Corporación de Promoción de Películas de Cine Coreano”, creada en 1973, que luego fue convertida, en 1999, en la “Comisión de Cine Coreano” (que cambió de nombre en 2004 a “Consejo de Cine Coreano”), un órgano autorregulado, independiente del Ministerio de Cultura, que busca promocionar el cine coreano en el extranjero así como crear programas educativos, de investigación y de financiamiento de proyectos; 4) un sostenido programa de financiamiento gubernamental directo a películas, que ha llegado a rozar los cuatrocientos millones de dólares, y que privilegia subsidiar proyectos de estudios que anteriormente hayan sido exitosos, así como exenciones impositivas progresivas para estudios de todo tamaño (el año pasado se anunció un plan de extensión de las exenciones impositivas, en conjunto con la creación de un fondo especial para pequeños estudios y un nuevo fondo para promoción de proyectos en el extranjero2); 5) algunos programas de corto alcance han buscado introducir cursos de cinematografía en escuelas públicas y privadas desde el nivel inicial; entre otros.

Como podemos ver, detrás del “milagro cultural coreano” hay un continuado esfuerzo estatal, con políticas públicas que se remontan a la dictadura militar y una serie de nuevas políticas instrumentadas durante las reformas de los años noventa que buscan crear una industria competitiva a nivel local, mediante medidas proteccionistas, al mismo tiempo que promocionan el cine surcoreano en el extranjero. El cine surcoreano ocupa anualmente un 54% de la cuota de mercado en el país, llegando a picos del 65% (para contrastar, en el 2018, el market share de cine nacional en Argentina fue del 14,77% según reportó el INCAA). ¿Y qué ha producido todo este esfuerzo político nacionalista por crear una industria de cine surcoreana?

Por empezar, más allá de “Parasite” de Bong Joon-ho, que me dio la excusa perfecta para escribir este texto que hace mucho quería hacer, varias películas surcoreanas han atraído una fuerte atención tanto por parte de las ceremonias de premiación y la crítica como por parte de públicos extranjeros, y más de una ha sido readaptada por el cine anglosajón. “Thirst” de Park Chan-wook, una excelente película de terror gótico sobre un sacerdote católico que se convierte en vampiro recibió en el 2009 el “Jury Prize” del festival de Cannes. “Pietà”, del director Kim Ki-duk (director de la menos conocida, pero también sobresaliente, “Spring, Summer, Fall, Winter… and the Spring”, entre otras), tres años más tarde, se llevó el “Golden Lion” del festival de Venecia, con una perturbadora y provocativa historia sobre un hombre que trabaja con usureros y mantiene una relación edípica con una mujer que dice ser su madre.

Corea del Sur ha producido éxitos de taquilla dentro de lo que llamaríamos “cine de género”, ganando la atención de los grandes estudios anglosajones, que han comenzado a minar la creatividad coreana produciendo remakes. Entre estas películas se encuentra la ya clásica “Oldboy” (2003), parte de la “trilogía de la Venganza” (junto con “Sympathy for Mr. Vengeance” y “Lady Vengeance” del ya mencionado Park Chan-wook), un emocionante thriller de acción asiático sobre un hombre que pasa quince años encerrado bajo condiciones misteriosas y escapa para buscar venganza contra sus captores, en una historia con rebuscados pero interesantes paralelos con diversas tragedias griegas, que fue readaptada con poco éxito por Spike Lee en el 2013 (aunque, para ser sinceros, hay que aclarar que la historia original a su vez es una adaptación de un manga japonés, ¡oh la multiculturalidad!). Otro ejemplo es “Train to Busan”, una película de zombies que ha sido reconocida como una de las mejores de su género y que, aunque no ha sido utilizada para un remake estadounidense hasta el momento si produjo que los estudios norteamericanos tomasen nota de como hacer uso del género “apocalipsis zombie” para contar una gran historia.

Esta última película fue comparada, por su formato y trama, a otro éxito surcoreano reciente, “Snowpiercer”, del ya omnipresente Bong Joon-ho, quizás el mejor film surcoreano, una historia de ciencia ficción distópica, inspirada en una novela gráfica francesa y protagonizada por Chris Evans (el mismísimo Capitán América), en conjunto con un elenco internacional, en una producción checo-coreana. Si no la vieron, dejen de leer esto y vayan a verla, si tienen el estómago listo, o dejen de leer este párrafo puesto que necesito comentarla brevemente. La película, que ahora está siendo adaptada en formato de serie por TNT (a estrenarse este año, con una segunda temporada ya confirmada), muestra un mundo postapocalíptico donde los únicos humanos sobrevivientes a un planeta devastado por el cambio climático habitan un tren que da vueltas a lo largo de la circunferencia terrestre. Con contrastes fuertes a Parasite, el tren de Snowpiercer está organizado siguiendo una estructura de clases, más bien castas, donde los más pobres viven en los vagones traseros y son explotados por los poderosos y ricos habitantes de los vagones delanteros. Pero hay, también, diferencias fuertes: en Snowpiercer, los oprimidos se levantan y comienzan a avanzar sobre el tren, de manera organizada y con un líder, para encontrar un final nihilista y esperanzador al mismo tiempo. En cambio, en Parasite, el personaje de Ki-woo termina solo, esperanzado con “progresar” como individuo y salvar a su padre, sin ningún tipo de planteo político en mente. Autoplagiándome un tweet, que a su vez es un parafraseo de una frase ya conocida, para los protagonistas de Parasite (y, quizás, para nosotros también) es más fácil imaginar ser millonario que imaginar el fin del capitalismo.

Otro éxito de taquilla con proyección internacional es el film “The Wailing” de Na Hong-jin (también director de las interesantes películas de acción “The Chaser” y “The Yellow Sea”), un largometraje que mezcla elementos policiales y sobrenaturales, lo cual en lo personal me recuerda mucho al universo Twin Peaks de David Lynch, siguiendo las desventuras de un oficial de policía en un pueblo rural surcoreano que debe investigar una serie de asesinatos misteriosos, combinados con una epidemia extraña que aparece en la ciudad, para tratar de salvar a su hija de una amenaza crecientemente sobrenatural, con una trama que empieza en un lugar de realismo policial puro, pasa por momentos de comedia negra y se va deshilachando a medida que se convierte en una historia de terror surrealista poblada por fantasmas, demonios y alusiones religiosas.

Corea tiene un gusto por las películas de época, sobre todo por los retratos de la larga y cruenta dominación colonial japonesa, establecida durante las últimas décadas del siglo XIX, con la progresiva ocupación y dominación económica, así como el exterminio de la dinastía real Joseon que había gobernado al reino durante cinco siglos, y cimentada tras la guerra ruso-japonesa de 1905 y la anexión formal del reino de Corea en 1910, tornándose por completo brutal e inhumana durante la Segunda Guerra Mundial, cuando cientos de miles de coreanos fueron desplazados para ser usados como mano de obra por el Imperio Japonés, además de producirse el secuestro de entre doscientas y quinientas mil mujeres para ser usadas como “mujeres de confort” por soldados y autoridades japonesas3, además de cientos de coreanos utilizados para experimentos médicos, etcétera. Perdón, me gusta la historia coreana.

Quiero dar dos ejemplos destacados de este “cine de época” sobre la dominación colonial japonesa. Uno es “The Age of Shadows”, título ominoso si los hay, del director Kim Jae-woon (de quien también recomiendo la película “I Saw The Devil”, así como supongo debe tener otras joyas en su filmografía de más de una decena de producciones), con una atmósfera que puede llegar a recordar a la famosa serie británica “Peaky Blinders”, en una historia centrada en un policía coreano que, bajo órdenes de las autoridades japonesas, persigue a miembros de la resistencia independentista con el objetivo de escalar posiciones en la abultada burocracia colonial.

El segundo ejemplo, y mi gran recomendación, es la espectacular “The Handmaiden”, del ya numerosamente mencionado Park Chan-wook, un film “erótico” protagonizado por Sook-hee, una ladrona coreana que, en un esquema planeado con un estafador que se hace pasar por un conde, debe trabajar como sirvienta de Lady Hideko, una noble japonesa que el estafador quiere seducir para poder apropiarse de su fortuna. Con una narrativa que desdobla y fragmenta los tiempos, el romance prohibido entre Sook-hee y Lady Hideko, así como un excéntrico y perverso personaje, con reminiscencias del Marqués de Sade, una cinematografía bellísima y la recreación de época como background constante, convierten a The Handmaiden en otra gran contendiente a ser la mejor película surcoreana.

Para ir cerrando, quisiera nombrar algunos otros “éxitos” surcoreanos, que no tengo tiempo de desarrollar: “Joint Security Area” (un film muy ambiguo sobre la relación entre las dos Coreas, que fue el mayor éxito de taquilla coreano en el año en que se estrenó, lo cual puede decir mucho sobre la percepción de las masas coreanas sobre Corea del Norte); “Shiri” (una película de acción, también centrada en Corea del Norte y con un mensaje ambiguo, aunque mas tapado por la cantidad de balaceras y persecuciones); “Silmido” (sobre una unidad especial en los años sesenta entrenada para asesinar al líder norcoreano Kim Il-sung); “Friend” (una película de mafiosos situada en la ciudad de Busan que puede interesar a los fans de Scorsese); “My Sassy Girl” (una comedia romántica de gran éxito, quizás tan cursi como su nombre lo indica); “Taegukgi” (posiblemente el mejor film bélico que se haya filmado sobre la desastrosa Guerra de Corea); “The Admiral” (una película épica sobre la batalla de Myeongnyang, entre japoneses y coreanos en el siglo XVI, que era, hasta el estreno de “Parasite”, la más taquillera del país); “Assassination” (sobre la resistencia a la ocupación japonesa, con grandes escenas de acción y un guión pobre); “Veteran” (una comedia de acción sobre policías y detectives, interesante para conocer el funcionamiento corporativo de la economía coreana y los chaebols); “Ode to my Father” (una película nacionalista que sigue la historia surcoreana desde la década de 1950 a través de la vida de un “hombre común”, que fue criticada por su defensa y romantización de la dictadura militar pero al mismo tiempo fue un éxito gigantesco entre los espectadores coreanos, lo que la vuelve otro documento interesante sobre las perspectivas de las masas del país asiático); y, por último, “Inside Men” (una película sobre política, crimen y corrupción, con una visión no tan conservadora y acrítica del régimen surcoreano como la presentada en otras de las mencionadas).

No quiero seguir extendiendo este texto, y estoy seguro de que me estoy olvidando de montones de películas, que conozco y no, del mundo coreano, así como aún no dije enfáticamente que es obligatorio (no me gusta obligar, pero en este caso sí) ver cada una de las películas de las filmografías de Bong Joon-ho y Park Chan-wook… No quiero seguir extendiendo este texto (y tuve que usar puntos suspensivos, ¡cosa que odio!) porque creo que ya nadie debería estar leyéndolo, puesto que a estas alturas deberían haber aprovechado el tiempo para ver algún clásico del cine surcoreano que aún no conozcan.

Y de paso, me permito terminar de escribir y quedarme sentado, soñando con que en ese lejano país llamado Argentina algún día se pueda sostener, sin dictaduras o capitalismos corporativos mediante, algún tipo de política cultural permanente que permita explotar las capacidades creativas de su pequeña industria para montar algún tipo de operación de gran envergadura como lo es el milagro, no tan milagroso, coreano.


BIBLIOGRAFIA CONSULTADA:

“Evaluating the effects of protectionism on the film industry: a case study analysis of Korea”. Jimmyn Parc (2018). En “Handbook of State Aid for Film” de Paul Murschetz, Roland Teichmann y Mathias Karmasin (eds.)

“The role of the government in cultural industry: some observations from Korea’s perspective”. Kim Milim (2011). En “Keio Communication Review No. 33”.

“Behind ‘Parasite’ success is Korean film industry playing catch-up”. Daphne K. Lee (14 de febrero del 2020). En http://www.asia.nikkei.com


1 Una excepción interesante a esto fue la censura del film norteamericano “The Interview”, que generó un hackeo norcoreano a la productora Sony. En la comedia negra de Seth Rogen y James Franco se satiriza al líder norcoreano Kim Jong-un, lo que generó fricciones diplomáticas tanto con Corea del Norte como con Corea del Sur, terminó siendo prohibida en ambos países.

2 “Korea announces film support measures, including fund for smaller companies” por Jean Noh, 15 de octubre del 2019, http://www.screendaily.com

3 Las mujeres coreanas solían ser secuestradas de áreas rurales, bajo la promesa de que se las trasladaría para recibir trabajos de mejor calidad en zonas urbanas (un método muy similar al de la trata y el proxenetismo actual), para luego ser trasladadas a prostibulos en el frente de guerra donde tenían que “asistir” a entre treinta y cincuenta hombres por día, acompañadas de otras prisioneras de origen chino, filipino, y, en menor medida, australiano, entre otros países. Los hechos fueron negados durante décadas por el gobierno japonés de posguerra, entre otros crímenes de guerra aberrantes.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.