Por Pablo Americo (staff)

Lo ideal hubiese sido que esta nota se publicase antes de la entrega de la 92° ceremonia de entrega de los Premios Oscars, o el día inmediatamente después, pero diversos factores me atrasaron mientras la escribía. Más allá de las vicisitudes personales (más que nada, una materia de verano a la que decidí anotarme), la principal dificultad de escribir este texto radicó en el hecho de que las películas nominadas de este año son bastante mejores que las del año pasado. Para empezar, mientras que el año pasado la estatuilla quedó en manos de la pestilente “Green Book”, una colección de lugares comunes que compartía espacio con otras nominaciones lastimosas como “Bohemian Rhapsody1 y “A Star Is Born”, este año le tocó a la excelente “Parasite”, sobre la que escribí el año pasado, catapultando finalmente al estrellato total al director Bong Joon-ho, autor de algunas de las mejores películas de la década 2010-2019. Otro elemento que ayudó a que decidiera retrasar la escritura de este artículo fue que los “Anti-Oscars 2019” también salieron una semana después que los premios, y quizás sea un buen lugar para establecer esta tradición de convertir a los “Anti-Oscars” en algo que se publica con delay. Dada esta mejora en la calidad de las nominadas, voy a empezar comentándolas brevemente. Mientras que a Parasite ya le dediqué una columna entera, el resto de las películas pasaron bajo el radar mientras me dedicaba a escribir sobre series de superhéroes, finales de series nihilistas y directores griegos durante el 2019.

Primero que nada, quiero destacar a “Jojo Rabbit”, mi favorita personal del año pasado, del excéntrico director neozelandés Taika Waititi (What We Do In The Shadows, Hunt For The Wilderpeople), que ha sido injustamente comparada con películas de lágrima fácil como “La vita è bella” y “La lengua de las mariposas”, a pesar de que se trata de una obra maestra de la comedia negra y la sátira político-social. Más allá de la fortaleza simbólica de incorporar a un judío polinesio actuando de Hitler (el director Taika Waititi), Jojo Rabbit muestra como pocas comedias el poder de la ideología actuando sobre una población de alemanes en un pueblito perdido a fines de la Segunda Guerra Mundial. Lo hace, eso sí, ridiculizando los eventos, sin apego alguno por la fidelidad histórica. Lo ridículo y bobo es una forma de agregar una capa más a la tragedia: la violencia, el fanatismo, la persecución y el genocidio son ridículos. Y eso los vuelve aterradores. Es esa capacidad humana para perpetuar el sinsentido lo que desgarra. Y es la capacidad humana, o infantil, para desentenderse de todo ese dolor y poder amar, bailar o crear obras de arte lo que Waititi rescata de un mundo que presenta como hostil. Absolutamente nada que ver con la sensiblería de “La vida es bella” (que, de todos modos, es una preciosa película).

Sobre “The Irishman” de Scorsese quiero tener una opinión provocativa: ¿Quieren ver secuelas y remakes de Hollywood, basadas en el reciclado y la nostalgia? Tienen “Avengers” y The Irishman en carteleras. ¿Quieren ver cine riesgoso y humano? Tienen Jojo Rabbit. La última de Martin es de lo menos destacable entre las premiadas y nominadas, junto con la olvidable biopic “Ford v Ferrari” (uno se pregunta por qué no nominaron a la mucho mejor “Judy”, que retrata escenas de la vida de Judy Garland) y el intento narcisista de un director por recrear su divorcio con tintes de Woody Allen ensayado en la también olvidable “Marriage Story”, esta última teniendo el privilegio de gozar de una serie de actuaciones increíbles que no están al nivel del mediocre guión. Con este párrafo justifique el título “anti-Oscars”. Y de paso les recomendé que vean Judy.

Once Upon A Time In Hollywood” es un contraejemplo de la crítica anterior, mostrando que se puede usar la nostalgia y el pastiche como forma de impulsar una película compleja, con distintas meditaciones sobre la naturaleza de Hollywood, post-moderna, como toda la obra de Tarantino, pero al mismo tiempo atada a un deseo humano (como mucho de lo post-moderno): la intención de usar al arte para imaginar un mundo mejor. En ese sentido, Jojo Rabbit y la última de Quentin comparten más de lo que parece. Considero también que “Joker”, en buena medida una cruza de “The Dark Knight” de Christopher Nolan, “V For Vendetta” de las Wachowski y varias películas de Scorsese, es una buena adaptación o reflexión sobre el estado del cine anglosajón. Lo interesante con Joker es que, más allá de la catarata de análisis forzados que ha generado, dentro de los cuales se incluye este análisis forzado, pareciera que la intención del director (un “antifeminista” que se autodeclara “políticamente incorrecto”) no iba de la mano con muchas de las lecturas y reacciones que generó el film. Uno se pregunta cuánta mano tuvo Todd Philips (The Hangover Trilogy) en la realización de la cinta y cuánto respondió al interés de la productora, Warner Bros, de volver a producir un film de superhéroes con nominaciones a premios prestigiosos.

1917” y “Little Women”, con poco en común como películas, tienen como punto de encuentro el destacado trabajo técnico y cinematográfico. En su segunda película, Greta Gerwig (Lady Bird), pareja del director de Marriage Story (Noah Baumbach, quien basó su película en el divorcio de su esposa, la actriz Jennifer Jason Leigh), readapta exitosamente el clásico de la escritora Louisa May Alcott, agregándole cierta dimensión de intertextualidad y cambiando algunos balances y contrapesos de otras adaptaciones (entre otras cosas, desaparece el importante condimento cristiano de la obra original), todo mientras hace gala de excelentes trabajos de vestuario y de una imagen delicada. 1917, por su parte, homenajea a “Paths of Glory” de Kubrick y Kirk Douglas, mientras cuenta una versión ficcionalizada de un relato de guerra que el director Sam Mendes (American Beauty, Skyfall) escuchó de su abuelo. Es, también, una película destacable por el trabajo de cinematografía y edición, que se une a “Birdman” y otros largometrajes recientes en el uso de técnicas de efectos especiales para simular una toma continua a lo largo de todo el film, al mismo tiempo que es otro ejemplo de una película que recrea el clima de un videojuego de forma exitosa2, mientras las adaptaciones de videojuegos intencionales fracasan una tras otra.

Habiendo repasado las nominadas, puedo dar lugar a las “ninguneadas” por los premios. Las claras contendientes en este caso son el trío de maravillosas películas de terror que se estrenaron el año pasado: “Midsommar”, “The Lighthouse” y “Us”. Como ya había comentado en un artículo de hace tiempo, el cine de terror anglosajón se ha revigorizado de la mano de una nueva camada de directores, generalmente formados en el ámbito independiente, trayendo algunos de los mejores trabajos que se han estrenado en estos últimos tiempos. Mientras que el año pasado los premios habían ignorado a “The Nightingale”, la segunda obra de la directora australiana Jennifer Kent, este año le pasó lo mismo a estas otras tres segundas obras.

Midsommar3, segunda película del director Ari Aster (cuya “Hereditary” también fue ignorada por los Oscars del año pasado), esta, al igual que Marriage Story4, exorcizada directamente desde la historia de separación del director, y cuenta las desventuras de un grupo de antropólogos, y la novia de uno de ellos (interpretada por Florence Pugh, la actriz revelación del año pasado, tanto por este trabajo como por su actuación en Little Women), en una aislada comunidad autosuficiente en Suecia central, donde se realiza un tenebroso festival de verano una vez cada noventa años. Juega con elementos similares, aunque bajo medios diferentes, que The Lighthouse, la segunda película de Robert Eggers (The Witch), que logró una miserable nominación en Mejor Cinematografía, a pesar de contar con dos de las mejores actuaciones del año pasado de parte de sus protagonistas, y únicos actores (a excepción de dos seres que aparecen en alucinaciones), Robert Pattinson y William Dafoe, quienes le ponen vida a dos cuidadores de un faro perdido en algún lugar de la costa de Nueva Inglaterra a fines del siglo XIX. ¿Qué tienen en común las dos? Ambas se movilizan a través de dos miedos del masculino occidental moderno: el miedo a la mujer (o a eso que llamamos “lo femenino”) y, aún más presente en estas épocas, las fantasías de emasculación. No voy a desarrollar mucho más al respecto, pero resulta interesante contrastar con los miedos expuestos en la filmografía de la ya mencionada Jennifer Kent, una de las pocas mujeres directoras involucradas en el género5.

Us, la segunda del director de “Get Out” (que no fue ignorada por los Oscars en el 2017), podría completar la trilogía 2019 formada por Parasite y Joker. Al igual que esas otras dos películas, Us trata sobre la parte de los sin parte, acercándose en este sentido más a la visión de Parasite, que muestra una sociedad estratificada en clases que han devenido castas, que al mundo nihilista punk de Joker. Al mismo tiempo, Us, al igual que Joker, da un lugar a la movilización de masas, que es inexistente en Parasite, pero con diferencias fundamentales: mientras que la violencia proto-fascista de Joker no tiene ningún tipo de articulación política, las “milicias” de dobles subterráneos (no quiero spoilear la película, me parece esencial verla sin saber mucho) de Us están organizadas políticamente, poseen objetivos claros y tienen una líder. Las tres películas expresan un miedo de las elites que Hollywood parece estar somatizando a través de cine no realista6: el momento en que surja la parte de los sin parte. La revolución desde abajo se siente en Hollywood y es mercantilizada y procesada a través de esta nueva oleada de films: mientras que Joker, desde la derecha, agita el fantasma de lo que puede pasar si no se actúa pronto y Parasite parece resignada a ver cómo el capitalismo financiero condena a millones a una sub-existencia servil, Us (al igual que “Snowpiercer” de Bong Joon-ho) no teme presentar el momento de la rebelión, del colapso de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo, al mismo tiempo que evita visiones maniqueas y sugiere, constantemente, que todo es más complejo de lo que parece. The times they are a-changin’, aunque la moneda esté en el aire y pueda caer tanto del lado de la emancipación colectiva como de los gusanos neofascistas.

Habiéndose extendido demasiado, quiero señalar brevemente algunas otras películas que tenían chances de recibir nominaciones, pero quedaron en el camino: por un lado, “The Peanut Butter Falcon”, que combina drama y comedia negra, relatando cuestiones de salud mental con mucha más sensibilidad que Joker, a través de las aventuras de Zak (Zack Gottsagen), un joven con síndrome de Down que escapa del asilo donde vive para intentar cumplir su sueño de ser luchador profesional, Tyler (Shia LaBeouf), un pescador clandestino que está huyendo de un grupo de matones, y Eleanor (Dakota Johnson), la asistente social que debe encontrar al fugitivo Zak pero termina enredada en el esquema fantasioso de la dupla protagonista. Por otra parte, “Honey Boy”, escrita y parcialmente protagonizada por el ya mencionado Shia LaBeouf, la ex-joven promesa de Hollywood hoy en decadencia, es una difícil historia sobre un niño actor y su padre drogadicto que expone las mejores posibilidades del género autobiográfico aplicado al cine. Además, “The Farewell”, una conmovedora producción estadounidense dirigida y protagonizada por chinos, se merecía un lugar, no solo por sus actuaciones y dirección, y a pesar de un exceso de sentimentalismo cursi, sino por ser quizás la película que mejor ha expresado las tensiones y conflictos (desde una perspectiva discutiblemente pro-norteamericana) surgidas en torno a esta nueva Guerra Fría que enfrenta a China y Estados Unidos, el imperio naciente y el imperio en decadencia, por la puja en torno a la conformación de un mundo unipolar, bipolar o multipolar. Sí, estudió ciencia política, ¿vieron? (esto va para los cinco que aún están leyendo este testamento).

Casi para terminar, quería discutir brevemente la categoría “Mejor Película de Animación”, que siempre nos genera preguntas (a mí y otros tres): ¿es un premio a lo técnico? ¿es un premio al guión y a la dirección? ¿está enfocada en el éxito entre el público infantil o familiar? ¿por qué estoy perdiendo el tiempo argumentando sobre un premio anglosajón al cine de dibujitos? “Toy Story 4”, la merecida ganadora, y “Klaus”, una de las nominadas, pueden plantear esta disyuntiva. Aunque Toy Story 4 y “Missing Link” (esta última, hecha con stop motion) me parecieron argumentalmente superiores, la producción de Netflix, Klaus, con su animación 2-D que simula ser 3-D, tiene un mayor mérito técnico: es innovadora. Además, tiene ese elemento underdog de ser una producción independiente llevada a la vida por una multinacional. Pero bueno, la vida es dura, y el premio fue para la cuarta película sobre muñecos con problemas existencialistas. Espero ansioso la quinta película, en la que Woody se preguntará si es posible tener una vida nueva después de un divorcio y Buzz Lightyear luchará contra su adicción a aspirar pilas sulfatadas.

Ahora sí, para cerrar, quería mencionar un par de películas con pocas chances de ser nominadas que creo valen la pena ver, al menos un sábado de insomnio a las tres de la mañana. “The Fanatic”, nominada a los premios Razzie (los premios que premian a las peores películas de cada año), protagonizada por un poco amable John Travolta, ha sido criticada por su pésimo guión y actuaciones, en conjunto con las pocas emociones que despierta, pero me parece una readaptación interesante de la clásica “Misery” (la película trata sobre un hombre obsesionado con un actor) y creo que pertenece a ese maravilloso género de las películas que “son tan malas que son buenas”. “Dead Don’t Die”, por otra parte, del mítico director indie Jim Jarmusch, me parece la comedia más divertida estrenada el año pasado, siendo una maravillosa sátira sobre el género zombie que cuenta con un elenco por completo impredecible: Adam Driver, Iggy Pop, Bill Murray, Tom Waits, Tilda Swinton, Selena Gómez, Steve Buscemi, Danny Glover y Chloë Sevigny, entre otros.

Al igual que el año pasado, a este artículo le faltan decenas de películas y, sobre todo, tiene un déficit total en cuanto a considerar al cine no anglosajón, en parte por falta de espacio y tiempo y, en parte, también, hay que admitirlo, por un menor conocimiento.

De acá a un año lo más probable es que vamos a estar viviendo en un mundo peor, pero, al menos, vamos a tener como breve escapismo unos premios que se entregan millonarios anglosajones para agasajarse entre ellos. Y toneladas de películas y series.

Con un poco de suerte, habrá tiempo para escribir otros “Anti-Oscars” y distraernos un rato, como Jojo Rabbit, del mundo que se desmorona a nuestro alrededor.


1 No se entiende por qué la aburrida y poco fiel a la historia original “Bohemian Rhapsody” llamó tanto la atención de las ceremonias de premiación mientras que el año pasado la muy superior biopic de Elton John “Rocketman” fue mayoritariamente ignorada.

2 El otro ejemplo es la más que entretenida película de ciencia ficción “Edge of Tomorrow” (2014).

3 Quizás porque la producción del evento se sintió culposa por ignorar a la mejor cinematografía del año pasado entre las nominaciones, la película Midsommar fue referenciada en el vestuario de unas bailarinas que aparecieron durante la recepción previa al evento.

4 Midsommar es una mejor representación de una crisis de pareja que Marriage Story y esta es la gran fortaleza del terror y la fantasía que esta nueva camada de directores parece saber explotar a la perfección: a partir de lo misterioso (de ese halo incomprensible que el escritor norteamericano Thomas Ligotti llama “uncanny”) se pueden transitar las emociones y preocupaciones más terrenales.

5 También puede contrastarse con los elementos de terror que aparecen en la literatura de escritoras contemporáneas como Mariana Enríquez, Samanta Schweblin o Kristen Roupenian. Otra opción es considerar las dificultades de Stephen King para escribir su primera novela publicada, “Carrie”, para la cual debía pedir consejos a su esposa, dado que se sentía incapaz de escribir a una protagonista femenina.

6 Ya argumenté en la columna correspondiente que Parasite puede leerse como una historia de fantasía o realismo mágico. O como una fábula.

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