Cita: Lamónica, J. (2019) “Falsas dicotomías”, En Revista Deceducando, Edición DigitalNúmero 6: Sobre el discurso de las emociones en la escena escolar contemporánea. Artículos, ensayos. Buenos Aires: Ediciones Deceducando. 

por javier lamonica

La última vez nos tomaron por sorpresa. No me acuerdo de dónde llegó el pedido, o a quién se le ocurrió la idea, pero antes de darnos cuenta estábamos metidos en un sofisticado proyecto que involucraba a todas las áreas y asignaturas del Nivel Medio. Que “es lo que se viene”; que “es la nueva forma de organización laboral”, que “ya no vas a tener jefe”. Debo reconocer que había algo en el argumento que no nos cerraba, pero tampoco hicimos la fuerza necesaria para oponernos. Después de todo, los estudiantes estaban entusiasmados. Cada grupo iba a desarrollar una marca; tenían que hacerse cargo de la producción, la comercialización, la publicidad, la logística…; no había duda, se iban a convertir en verdaderos emprendedores.

El problema de simular situaciones sociales es justamente ese, que se trata de una simulación. Es relativamente fácil diseñar un éxito comercial cuando también diseñamos a la sociedad y el mercado en donde ese éxito se inserta; es decir, cuando recreamos una posición inicial de privilegio y simplificamos, en un segundo, las relaciones sociales de producción y las condiciones históricas de existencia.

Los primeros problemas llegaron cuando empezamos a complejizar un poco el asunto, cuando dejamos de jugar y decidimos analizar experiencias reales. Entonces, aparecieron las regulaciones y normas comerciales, la legislación laboral, los reclamos y las protestas, la organización sindical, etc. En menos de dos meses de trabajo, tres PyMEs habían fundido y otras cuatro estaban en vías de extinción. Pero, lejos de fracasar, el proyecto cobró un nuevo impulso. Comenzamos a hablar de derechos, de coyunturas económicas, de marcos políticos, de modos de producción. De a poco aparecieron Marx, el movimiento obrero organizado, la pobreza estructural, las desigualdades de origen, el neoliberalismo, la organización ciudadana, las cooperativas, las organizaciones de base, los estallidos sociales, el 2001 y un sin número de contenidos que atravesaron a todas la asignaturas y a todos los años que participaron de cada una de las actividades. También analizamos críticamente algunas películas que habían sido incluidas en el programa para tomar como ejemplos de “éxitos espontáneos” a base del “esfuerzo” y pudimos advertir que detrás de esa construcción ficcional había un discurso, expandido por el mercado editorial, consultoras y otras actividades de inexistente carácter científico, que hacía énfasis en que el verdadero bienestar de las personas depende de su esfuerzo individual, de cuán innovadores o creativos sean, de las actitudes que presenten frente a la vida y sus adversidades. Un discurso que determinaba que el éxito o fracaso depende exclusivamente de cada quien.

Advertimos también algo aún más grave y peligroso; que estos lenguajes permeaban de tal forma a la sociedad, que las personas terminaban creyendo que su situación de explotación, exclusión y opresión era consecuencia de su falta de empeño, de una incapacidad intrínseca para aprovechar las oportunidades que la vida les fue poniendo en el camino. Un discurso que se desentiende los determinantes sociales, de la lucha de clases, de la historia misma; y viene a decirnos Impossible is nothing

Nada de lo que estoy contando es nuevo, se trata de una ideología que va cambiando de forma, que se viste a la mode, como esas melodías pegadizas que nos encontramos cantando sin saber bien de dónde vienen. Y resulta que un día hablamos de Emprendedorismo y al día siguiente nos llega un proyecto que dice Educación Emocional. Al principio creemos que se trata de algo inocuo, al fin y al cabo, ¿quién se va a oponer a hablar de emociones dentro de una escuela? Y una vez más, casi sin darnos cuenta, terminamos reproduciendo los mismos intereses, esos que nos desanclan de la realidad para que no podamos pensarnos como colectivo. Esos que nos hacen sentirnos responsables por nuestra posición y nuestros estados de ánimo sin que podamos poner en contexto cómo es que llegamos hasta allí. 

Los artículos que se reúnen en este nuevo número de Revista Deceducando, constituyen un esfuerzo por alejarnos de la dicotomía entre Educación Emocional sí, Educación Emocional no. Cada uno de los autores y autoras nos invitan a recorrer y entender las diferentes perspectivas desde las cuales se trabajan y se piensan los conceptos que dan forma a este discurso; y porqué es importante retomarlos desde el campo educativo. Nos interesa, particularmente, recuperar la práctica docente como un saber activo que, más allá de la hegemonía de ciertos lenguajes, nos da la posibilidad de hacer otra cosa con aquello que está prescrito.

Nos mueve un interés común: el de pensar la escuela como un espacio de construcción de subjetividades, un lugar para alojar y dar lugar a la diferencia; para establecer acuerdos sobre los modos de intervención en situaciones que siempre son complejas y que no se pueden reducir a la búsqueda del bienestar afectivo. Esperamos también que esta nueva entrega se convierta en un recurso útil para trabajar en las aulas, para interrogar e interrogarnos y hacer de nuestra tarea una herramienta política que nos permita transformar la realidad. 

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