La Guía Federal de Orientaciones y su articulación con la ESI
POR gustavo galli

Resumen: el presente artículo se propone reflexionar acerca de la construcción de una política educativa que, aprobada hace cinco años, debería ser repensada y re elaborada para que, respondiendo a los debates y problemáticas actuales respecto de la Educación Sexual Integral, sea un instrumento más para la construcción de acuerdos sobre los modos de intervención en situaciones complejas. 

Para el inicio del año 2013 comenzamos desde el Ministerio de Educación de la Nación la construcción de lo que se llamó Guía Federal de Orientaciones para el Abordaje de Situaciones Complejas para la Intervención Educativa en Situaciones Complejas relacionadas con la vida en las escuelas. Esta Guía responde a la necesidad de construir criterios de intervención institucionales en relación a diversas problemáticas que acontecen en las escuelas, referidas a conflictos convivenciales o a vulneraciones de derechos de niños, niñas y adolescentes. 

Así mismo, el 11 septiembre de ese año se sancionó la Ley 26.892 “Para la promoción de la convivencia escolar y el abordaje de la conflictividad social en las instituciones educativas”. La construcción de una Guía o Protocolo Federal fue entonces una de las prescripciones de esta ley que, en 2014, fue reglamentada por el Ministerio de Educación.

La Guía fue construida en forma federal, con la participación de todas las jurisdicciones del país en un proceso de debate y re escritura que ha incluido también consultas con reconocidos especialistas, otras áreas del Estado como el INADI, la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia de la Nación y los cinco gremios nacionales. La misma ha sido aprobada en forma unánime bajo la Resolución N° 217/14 del Consejo Federal de Educación.

Uno de nuestros objetivos era que la guía pudiera ser leída, discutida y debatida al interior de los equipos docentes porque estábamos -y aún lo estamos- convencidos de que las respuestas a los problemas son siempre colectivas. Es necesario que la escuela pueda abrirse a la comunidad, establecer articulaciones con otras instituciones del estado, con organizaciones sociales y con escuelas cercanas. 

Para su desarrollo, se realizaron más de treinta encuentros y jornadas presenciales de capacitación en todo el país, alrededor de los ejes propuestos por la Guía. Durante el 2015, también se dictó un curso virtual a partir del Programa «Nuestra Escuela», que llegó a formar a más de treinta mil docentes.

La Guía está conformada por dos cuadernillos, uno de los cuáles fija la posición del Estado (de esos años, vale la aclaración) respecto de la conflictividad en las escuelas desde una perspectiva no patologizante ni criminalizante de las infancias, adolescencias y juventudes. El otro aborda variadas situaciones de conflicto y de vulneración de derechos de niños, niñas y adolescentes.

Si bien, como he dicho más arriba, muchos de los temas y de las respuestas construidas en esta guía se han pensado colaborativamente con otros organismos del Estado, hacia el interior del propio Ministerio se articuló con los equipos de los distintos Programas, entre ellos el de Educación Sexual Integral.

Así es como se trabajaron cuestiones relacionadas con los noviazgos violentos, hostigamiento por orientación sexual, abuso sexual o la adecuación de prácticas escolares frente a las identidades de género. A modo de ejemplo cito un fragmento de la Guía de Orientaciones que aborda la cuestión del abuso sexual:

Será posible ayudar a niños y niñas a protegerse, si se trabaja en la escuela desde el marco de la Educación Sexual Integral, para que puedan:

  • Identificar situaciones que requieren de la ayuda de personas adultas.
  • Reconocer interacciones que vulneran los límites o derechos personales.
  • Intentar percibir contactos interpersonales que les generan incomodidad o desagrado.
  • Discriminar los distintos significados de los secretos y la necesidad de contar aquellos que los hagan sentir mal.
  • Cuestionar estilos de vínculos que naturalizan los abusos o los malos tratos.
  • Lograr el aprendizaje de capacidades que les permitan expresar emociones, tomar decisiones libres de coacción, resguardar la propia intimidad y la de otros y otras, etcétera.

Además, la escuela puede promover en niñas, niños y adolescentes la construcción de habilidades para el desarrollo de la autoestima, la autonomía, la expresión saludable de las emociones que les permitirán construir y sostener vínculos saludables, desarrollar la capacidad de comunicación y de empatía, etcétera; el desarrollo y valoración de la noción de intimidad y de su cuidado la apropiación de pautas de cuidado, protección y vínculo afectivo con el propio cuerpo y el de otros y otras; el sostenimiento de una postura crítica hacia comportamientos o modalidades de vinculación abusivas; la promoción de derechos ligados al ejercicio saludable de la sexualidad. (CFE Res. 217/14)

Quienes hemos trabajado en escuelas secundarias con jóvenes de sectores populares sabemos que la desigualdad de género puede ser uno de los motivos de abandono de la escolaridad. No es difícil encontrar chicas que dejan de estudiar para dedicarse al cuidado de sus hermanos menores, o que deben ingresar más tarde a la escuela para llevarlos al jardín o retirarse antes para prepararles el almuerzo. Lamentablemente también hemos visto a jóvenes que interrumpen su escolaridad para hacerse cargo de sus propios hijos.

Si bien ningún proyecto o programa de política educativa puede comprenderse o analizarse por fuera de un tiempo y un contexto determinado, no pueden tampoco permanecer fijos, estáticos y cristalizados. Cuando esto sucede dejan de tener relevancia social, de ser respuestas adecuadas a problemas actuales y carecen de significatividad para quienes cuentan con esas herramientas al momento de pensar y desarrollar las intervenciones.

Habiendo sido uno de los responsables de la construcción de esta Guía que pretendió ser, por sobre todo, una herramienta de debate y discusión hacia el interior de las escuelas, para que, desde allí, se construyan respuestas situadas y contextualizadas histórica, geográfica y culturalmente; entiendo que hoy debe ser puesta al análisis ya que tiene ausencias relevantes en relación a cuestiones vinculadas con la desigualdad de género y las violencias vividas en las escuelas, sean producidas allí o tengan origen en otras instituciones.

Lo ocurrido en el último año respecto de las denuncias de acoso sexual -ejercido tanto por adultos como por pares- que han sido visibilizadas en distintas escuelas, pone de manifiesto una conflictividad silenciada -y aún no resuelta- respecto a los vínculos intraescolares. En ese contexto, las escuelas ensayaron diferentes tipos de respuestas: algunas democráticas, en perspectiva de derecho; otras, de modo autoritario, queriendo suprimir el conflicto y silenciarlo nuevamente.

También aparecieron los escraches como forma de justicia; aunque en algunos casos han estigmatizado y provocado situaciones que no fueron abordadas de manera adecuada. No pretendo aquí abrir un análisis de un tema que debería ser tratado con mucha seriedad y rigurosidad para no caer en prejuicios ni valorizaciones livianas, ni de un lado ni del otro. Lo que no cabe duda es que ha sido una acción que cobró mucha relevancia en las escuelas secundarias y generó diferentes procesos hacia el interior de los cursos: exclusiones, solidaridades, fragmentación, estigmatización, ausencia de adultos, desorientación… ¿Qué hace la escuela frente a todo esto? 

Resulta imposible responder en unas líneas, sin embargo hay una cuestión de la que no tengo dudas: es necesario pensar con las escuelas y en las escuelas modos de intervención democráticos e igualitarios, alejados de las lógicas punitivas que se favorecen desde las políticas educativas actuales. El Estado es responsable de construir colectivamente estos modos de intervención que puedan dar cuenta de las condiciones y demandas de la época.

Se que no es posible sostenerse en la esperanza de que este Estado -que se retira y desfinancia programas socioeducativos- se haga cargo de esta tarea; por lo que creo indispensable seguir disputando la construcción de una agenda educativa y social con organización colectiva, en la calle y en las instituciones; al menos hasta recuperar un Estado que crea en el valor de sí para el cuidado de quienes sufren las múltiples desigualdades en su vida cotidiana.


Gustavo Galli es Profesor de Ciencias Naturales, Licenciado en Administración y Gestión de la Educación (UNSAM), Especialista en Curriculum (FLACSO) y Magister en Educación: Pedagogías Criticas y Problemáticas Socioeducativas. (FF y L. UBA) Actualmente es Coordinador del Centro de Educación Popular y Pedagogías críticas de la Fundación La Salle Argentina. Se desempeña como docente en nivel terciario y universitario de grado y posgrado. Ha sido docente y directivo de escuelas secundarias. Ex Coordinador de Programas para la Inclusión Democrática en las Escuelas del Ministerio de Educación de la Nación (2013-2015). Investigador en la FFyL- UBA Autor de varios artículos en revistas educativas, es coautor de varios libros y autor de  “Escuela Secundaria y Educación Popular: cartografía de una experiencia.” Ed. La Crujía. 2014.

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