Staff Editorial
Por Yael Gutman

Show acústico, gratuito y en ronda de la Orquesta Típica Ciudad Baigón en el que se presenta el disco «La rebelión de las polillas», grabado en el mítico estudio 2 de “Abbey Road” en Londres, Inglaterra, en el marco de su gira y celebrando diez años de existencia.

La ciudad de Buenos Aires es un misterio oscuro de melancolía y amistad. Cada segundo se crea un proyecto artístico entre personas que se quieren, se sueña fuerte y en grande para que las más de las veces las vicisitudes del día a día trompeen al equipo hasta derribarlo en un furioso knock out en cámara lenta. Ciudad Baigón es el ejemplo de la cintura del tiempo que esquiva el golpe y arremete contra la ola durante diez años de trabajo artístico. 

Quise combinar su persistir con la más pura elegancia del estilo porteño informal: llegué de noche, en bicicleta y sola. Atravesé el barrio de San Cristóbal que tiene pocos árboles y la misma tristeza de un abuelo fracasado. Excelente camino a lo infierno del Dante que me preparaba para llegar al Galpón B, el espacio manejado por la misma Orquesta típica Ciudad Baigón. Me recibieron sonrisas amistosas que se encargaron de mi bici y me ofrecieron un sillón para la espera. Un expendio de bebidas espirituosas y comida para amenizar me llevaron más a una pulpería siglo XXI que a un bar moderno, la distancia del tiempo la marcaba la camaradería entre gente desconocida. El galpón enorme se esconde detrás de un cortinado al que nos invitaron a pasar para presenciar el show. En el momento en que entré ya crucé la frontera del espectador a la pantalla como una Rosa púrpura del Cairo a la inversa. Para ser una polilla rebelde que guerrea frente a tanta adversidad conviene armar equipo: vi un grupo de hombres en formato aquelarre invocando al espíritu grupal que sobrevuela la ciudad. Un haz de luz tremendamente teatral y a la vez cinematográfico ilumina oníricamente a los músicos. Un ritmo frenético y embriagador que maridaba perfecto con mi cerveza fría, mi mesa y el cantante Julián Matías Bruno que se acercó al círculo a darle voz al espectáculo. Me considero experta en experiencias sensoriales y los ojos bien abiertos en ese espacio gigante me llevó a un estudio de filmación que esperaba la entrada de una pareja de bailarines mutando entre la juventud y la vejez, entre la lentejuela, el brillo y el poliester roído. Puesta musical y escénica tan nuestra que despertó en mí unas locas ganas de dejar registro, de llenar el galpón de turistas para que entiendan qué es sentir una ciudad viva. Un viaje al pasado y al presente que termina con un aplauso ya cargado de la melancolía del fin del espectáculo, de la nostalgia de ser de esta ciudad, odiarla y amarla sin fin. 

La puesta onírica es a la gorra y no se descubre en ningún lugar que esta orquesta típica grabó su último disco La Rebelión de las Polillas en el mítico estudio 2 de “Abbey Road” en Londres, Inglaterra, en el marco de su gira siendo la primera orquesta típica que graba en los estudios por donde pasaron The Beatles y Pink Floyd entre muchos más.

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