Pablo Américo
Staff Editorial
Por Pablo Americo

En un principio este texto iba a ser una reseña breve sobre “The Favourite”, película a la que ya había aludido en los Anti-Oscars 2019, y “The Killing of a Sacred Deer”, la anterior película de Yorgos Lanthimos. La idea era retomar la exposición sobre John Waters que hice en el texto de la semana pasada y utilizarla para plantear que “si John Waters dice que “Hairspray” es su caballo de Troya, con el que atrae espectadores que luego redirige a su cine más border, “The Favourite” puede convertirse en algo muy similar en la carrera de Yorgos Lanthimos, siendo una gateway drug a un mundo mucho más peligroso”. El hilo que conduciría al texto iba a ser señalar como todos los elementos típicos de la obra de Lanthimos están presentes de manera menos laberíntica en la multipremiada “The Favourite”. Pero la obra del director de cine griego no se agota en esos dos largometrajes, e incluye como referencia obligada, al menos, a la maravillosa “Dogtooth”, por lo que tuve que retrotraerme a lo largo de su carrera buscando trazar un perfil de sus trabajos.

Antes que nada, quiero ofrecer una poco consistente clave de análisis para encarar la obra de Lanthimos, y para debatir y pensar sobre películas en general. Y es que, al volver a revisar sus películas, me encuentro con que todas pueden tener una interpretación sociológica (de dimensiones colectivas con individuos actuando como metáforas de elementos estructurales) o una interpretación psicológica (con individuos representando individuos o metáforas de comportamientos individuales, y énfasis en las decisiones y elecciones, así como en los traumas e historias específicas). Así, “Dogtooth” puede ser una película coming-of-age sobre dejar el hogar paternal, o una metáfora psicoanalítica, pero también puede ser una reflexión sobre las instituciones que regulan nuestra vida sexual y afectiva desde que somos niños. “The Killing of a Sacred Deer” puede verse como una alegoría de las consecuencias que las malas decisiones y conductas pasadas de los padres pueden tener sobre los hijos y los seres queridos, o puede ser una reflexión sobre el costo injustificable de la vida de los sectores WASP del Primer Mundo. And so on, and so on, and so on… Pero las películas también pueden significar absolutamente nada. O pueden ser exactamente lo que son: un “lo que ves, es lo que hay”, a lo Charly García. Al igual que en muchos otros debates (¿todos?) a fin de cuentas carecemos de un Juez que pueda darnos respuesta. A estas alturas del partido, hasta el autor ha muerto.

Al igual que cuando reseñé brevemente la filmografía de Denis Villeneuve, me encontré con que la forma más sencilla de reducir las dimensiones de este escrito era clasificar obtusamente la obra del griego. Así, pude encontrarme con una primera etapa de films inexperimentados, casi de estudiante, en la que produjo “O kalyteros mou filos” (Mi Mejor Amigo, 2001, co-dirigida con Lakis Lazopoulos) y algunos cortos de escasa circulación; una segunda etapa “abstracta” en la que lanzó disimuladamente “Kinetta” (2005) y “Alpeis” (Alpes, 2011) pero también “Kynodontas” (Canino, 2009), película con la que logró la atención de la crítica; y una etapa “clásica” o “madura” en la que ha estrenado “The Lobster” (Langosta, 2015), “The Killing of a Sacred Deer” (El Sacrificio del Ciervo Sagrado, 2017) y “The Favourite” (La Favorita, 2018), realizando una serie de ejercicios que retoman las mismas inquietudes que su etapa anterior pero con una mirada más estilizada, conformando una trilogía que puede continuarse o interrumpirse cuando se estrene “Pop. 1280” (una adaptación de una novela de Jim Thompson) el año que viene(1).

A diferencia de lo que expuse respecto a Denis Villeneuve, la clasificación de la filmografía de Lanthimos no responde a un cambio en sus intereses o en el género, sino más bien a una progresiva “profesionalización” de su modo de contar. Todas las películas del director griego funcionan como alegorías o fábulas que utilizan personajes de comportamientos alienígenas para reflexionar sobre elementos más o menos abstractos. A lo largo de su obra, Yorgos ha desarrollado una filmografía obsesionada con los cuerpos, las normativas sociales, la oralidad, las transacciones, las relaciones humanas, la disociación psicológica y el diálogo robótico. ¿No será acaso, por este conjunto de elementos, el director definitivo de lo que va del siglo XXI?

“Mi Mejor Amigo”, la primera película del director, realizada en colaboración con el dramaturgo Lakis Lazopoulos (que también la protagoniza), recibió el visto bueno de la audiencia griega pero no trascendió la escena nacional, siendo olvidada en los raccontos de la trayectoria de Lanthimos. Es una extraña comedia (quizás un poco áspera en la atmósfera Me Too actual) sobre la amistad tóxica, la vida matrimonial y el cuckolding(2). La mejor clave que aporta para comenzar a concebir el mundo lanthimosiano está en su escena inicial, en la que el protagonista describe el secreto de la felicidad que le enseñó su madre: hay que tener la memoria de un goldfish, que dura apenas segundos, para poder ser feliz siempre. “Para el momento en que se da cuenta de que vive en una pecera, ya lo ha olvidado” reflexiona el protagonista. “Kinetta” es considerada por muchos el verdadero debut de Lanthimos, aunque estrictamente sea su debut como director y guionista en solitario, y ya despliega los elementos más reconocibles en las realizaciones de su autor: sigue la historia de unos personajes surreales que recrean filmaciones de asesinatos en un hotel, cerrado por temporada baja invernal. La violencia, la disposición y el disciplinamiento de los cuerpos, el erotismo incómodo, lo absurdo, todos los elementos básicos de un film de Yorgos Lanthimos ya aparecen en “Kinetta(3).

Tras unos años de “descanso”, Lanthimos volvió a la carga con “Canino”, película con la que comenzó a rozar el estrellato, llegando incluso a una nominación en la incomprensible categoría “Cine Extranjero” de los Oscars. Una pareja y sus tres hijos (un varón y dos mujeres) habitan en una casa recluida, en la cual los hijos, ya “adultos” en edad, viven encerrados, aislados del mundo, teniendo que seguir normas ridículas impuestas por sus padres, que incluyen una extraña (o no) educación sexual. Sumado a estos elementos, ya disonantes, se encuentra el hecho de que la condición de los hijos no se trata de un secuestro o una actividad psicótica de sus padres, sino que aparece en la película como un hecho suficientemente normal como para que el padre pueda comentárselo a una compañera de trabajo sin que ella se ruborice.

Escenas de sexo mecanizadas y despersonalizadas, transacciones, aprendizajes corporales, referencias a animales, normativas sociales ridículas, “Kynodontas” podría formar parte de la etapa “madura” del director, pero está encerrada entre “Kinetta” y “Alpeis” que son igualmente meritorias, al menos temáticamente, de pertenecer a su momento “clásico”. Y, sin embargo, insisto en separar: si ven todas las películas en orden notaran que existe un corte notorio en la forma de filmar y contar, que se va enriqueciendo cada vez con más recursos. A pesar de eso, hay tanto que decir sobre “Canino” que posiblemente podría escribir, si tuviese la capacidad y el tiempo, varias entregas de “Video Club” sobre ella. Mi recomendación: cuando tengan en sus manos un ejemplar de “¿A Qué Se Parece La Educación?” (Ediciones Deceducando, 2019), busquen la reseña del film que está perdida en uno de los textos del libro.

Lanthimos ha descrito su siguiente película, “Alpes”(4), como el completo opuesto de “Canino”: “Mientras que Canino es sobre una persona que trata de escapar de un mundo ficticio, Alpes es sobre una persona que busca entrar en un mundo fabricado”. Como una versión macabra de “Los Simuladores” (o de “Los Árboles Mueren de Pie” de Alejandro Casona), “Alpes” sigue a un grupo de personas (los Alpes) que tienen un negocio basado en actuar de personas recientemente fallecidas frente a sus familiares para ayudarlos a atravesar el proceso de duelo. Conformando una organización con protocolos, reglas y entrenamientos estrictos, las instituciones que mantienen funcionando al grupo comienzan a desmoronarse cuando la protagonista (Angeliki Papoulia, también protagonista de Canino) decide ofrecer de manera independiente al grupo sus servicios para actuar como una joven tenista que falleció luego de un accidente. Es entendible que “Alpes” no haya encontrado el éxito de “Canino”, por su atmósfera mucho más trágica, de alguna forma extraña “más real”, y al mismo tiempo por su surrealismo más anárquico y menos detallado (si los personajes de “Canino” seguían reglas muy claras, más cercanas a las de los personajes de la etapa “madura”, los de “Alpes” retroceden al estado inconexo de las desventuras de los protagonistas de “Kinetta”). Al mismo tiempo, es más que recomendable verla si se quiere profundizar en la mente de Yorgos Lanthimos. O al menos, creer que se profundiza.

Luego de volver a desaparecer de escena por unos años, Lanthimos volvió a la carga con “The Lobster”, iniciando una trilogía de éxitos (seguida por “The Killing of a Sacred Deer” y “The Favourite”) que lo introducirían de lleno en la escena hollywoodense y lo convertirían en referencia obligada del cine de la década del 2010. Una comedia absurda, o una película de ciencia ficción distópica (bastante mejor que las últimas temporadas de Black Mirror), “La Langosta” establece las normas de un mundo en el que las personas solteras son enviadas a un hotel donde deben encontrar parejas en cuarenta y cinco días o ser convertidas en un animal, que son libres de elegir. David (Colin Farrell), uno de los pocos protagonistas lanthimosianos con nombre propio, elige convertirse en una langosta porque las langostas viven cientos de años y eso significa que tendrá mucho tiempo para enamorarse, si falla como humano. Paralelamente, un grupo de personas escapa del hotel, rebelándose ante las normas, y comienzan a vivir en el bosque, estableciendo una sociedad en la que el amor monógamo está prohibido. Y ahí está la síntesis de (lo que yo creo que son) las ideas de Lanthimos en su forma más cruda: no importa a dónde vayas, ni cómo te rebeles, vivir en compañía de otros implica reglas de algún tipo. Y sí, la mayoría de las reglas son absurdas si uno las ve desde afuera, ya sea que se las observe como un espectador de un film de Yorgos Lanthimos o como un extranjero que intenta comprender una sociedad lejana en tiempo o espacio.

Dos años después, “The Killing of a Sacred Deer” continuó estas temáticas, trayendo más a flor de piel la cuestión corporal, las transacciones e intercambios, el elemento sexual y las ideas extraídas de la mitología griega. Adaptando con libertad la tragedia “Ifigenia en Áulide” de Eurípides, la película vuelve a tener como protagonista a Colin Farrell, quien encarna a Steven Murphy, un cirujano cardiovascular, que toma contacto con Martin (Barry Keoghan), un joven cuyo padre murió por una mala praxis practicada por Steven, quien lo operó mientras estaba borracho. La aparición de Martin provoca que los miembros de los hijos de la familia Murphy (Raffey Cassidy y Sunny Suljic) comiencen a enfermarse, siguiendo una serie de pasos descritos por Martin, en un proceso que solo puede ser detenido si Steven sacrifica a uno de los miembros de su familia, que también incluye a su esposa Anna (Nicole Kidman). Más que nunca en la obra de Lanthimos están presentes las escenas filmadas evadiendo el rostro de los personajes o desde ángulos poco convencionales, que aumentan la sensación de alienación y despersonalización, la obsesión con la oralidad y, en general, las funciones corporales, y los comportamientos autómatas de parte de personajes extravagantes pero mundanos. Es, también, la primera película de Lanthimos, y hasta ahora la única, que está marcada por la irrupción de la divinidad: Martin es un Dios que reclama justicia. En algún sentido, también, es una película de body horror. Aunque puede que toda la filmografía del director griego lo sea.

Finalmente, el recorrido por la obra de Lanthimos desemboca en su último estreno: La Favorita, película que dirigió, pero no guionó(5). Un drama histórico, aunque con poco interés en seguir los eventos “reales”, la película sigue el triángulo conformado por tres personajes femeninos: la Duquesa de Marlborough, Sarah (Rachel Weisz), Abigail Masham (Emma Stone) y la Reina Anna (Olivia Colman). Sarah y Abigail compiten mutuamente por ser la “favorita” de la reina, que colecciona conejos y sufre de la gota. El guión en que se basa la película le resultó atractivo a Lanthimos, en sus palabras, porque “está protagonizado por tres personajes femeninos complejos, lo cual es algo que raramente se ve”, y ha sido leído a grandes rasgos como un gesto feminista, o al menos de “empoderamiento6 femenino”. Es, también, como ya he señalado, la película más “amistosa” que ha producido Yorgos. Y es, además, indiscutiblemente un film de Lanthimos aunque no haya sido escrito por él: ¿existe, después de todo, un lugar más marcado por normas e instituciones absurdas que la Corte inglesa? ¿no son las enfermedades de la reina, los encuentros sexuales y el uso de animales, elementos que ya hemos visto de manera recurrente en su obra? ¿no es, acaso, desde la perspectiva psicológica, una película que sigue las relaciones y la formación, o deformación, de la identidad de una persona, como “Alpes” o “Canino”? Lanthimos dice que “eligió” dirigir el guión de “The Favourite”. Yo siento que, al leerlo, como si fuese uno de sus personajes, se dio cuenta de que no tenía opción más que hacerlo.

¿Qué hacen leyendo todavía? Vayan a ver una de Yorgos Lanthimos…


(1) Me animo a predecir que se va a tratar de una interrupción y que vamos a conocer a un nuevo Yorgos Lanthimos.

(2) El “cuckolding”, en su definición mínima, consiste en la práctica sexual en la que un hombre se excita por ver a “su mujer” teniendo sexo con otros hombres. De ahí, supongo, se pueden generar todo tipo de derivaciones y variantes. En la excelente comedia negra “You’re The Worst” (serie de FX ya terminada) se lo representa de manera graciosa, así como también en un episodio de “Rick and Morty”.

(3) Estas dos primeras películas solo las van a encontrar en páginas de torrents. Y el siguiente gran desafío que van a tener que enfrentar es encontrarles subtítulos.

(4) En el 2010 se estrenó “Attenberg”, que fue producida por Lanthimos, quien también se desempeña como actor. La película fue aclamada por la crítica (incluyendo opiniones entusiastas de Quentin Tarantino) pero no se puede, técnicamente, considerarla un film de Yorgos, a pesar de que, si la ven, es probable que encuentren fuertes reminiscencias.

(5) El guión le corresponde a Deborah Davis y Tony McNamara. Davis escribió el primer borrador de la película en 1998, sin tener ningún tipo de experiencia o formación como guionista.

(6) Odio el término “empoderamiento”.

 

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