“Nanking”

Pablo Américo

Staff editorial

Por Pablo Américo

Sobre la memoria, la verdad y la justicia

Mi intención era tener listo este texto para el pasado 24 de marzo, pero por distintas cuestiones, me retrasé. Su contenido está completamente relacionado con la fecha, como el titulo ya lo anuncia, y con el contexto actual.

 

En el año 2007, en medio de una intensa polémica internacional, el director ultraderechista japonés Satoru Mizushima lanzó el documental “La Verdad Sobre Nanking” (Nankin no shinjitsu). Con el apoyo de importantes políticos del Partido Liberal Democrático(1) y el Partido Democrático de Japón(2), Mizushima se propuso contrarrestar lo que él consideraba una campaña anti-japonesa que buscaba esparcir propaganda falsa sobre supuestos crímenes de guerra cometidos por el Estado japonés durante la ocupación de Nanking, una ciudad del sureste chino. Según el director, la masacre de Nanking es un “mito” fabricado por el gobierno chino(3).

La película de Mizushima era una respuesta a “Nanking”, estrenada el mismo año, una producción sino-estadounidense que se proponía reconstruir una de las peores masacres de la Segunda Guerra Mundial en su setenta aniversario. El documental hace uso de testimonios escritos, fotos y vídeos de la época, así como recreaciones con actores, para mostrar el horror de los crímenes de guerra cometidos por el Ejército Japonés durante su incursión en la ciudad china en 1937. La película fue muy bien recibida por la crítica occidental, fue proyectada en el festival Sundance y fue considerada para una nominación a Mejor Documental en los premios Oscar de ese año. Los segmentos “ficcionados” del documental reconstruyen la experiencia de tres personas occidentales que ayudaron a salvar la vida de ciudadanos chinos: John Rabe (Jürgen Prochnow), un empresario alemán afiliado al nazismo; Robert O. Wilson (Woody Harrelson), un cirujano; y Minnie Vautrin (Mariel Hemingway), una docente que buscó defender los derechos de las mujeres durante la masacre.

Las estimaciones sobre la cantidad de muertos durante la masacre de Nanking (o “Violación de Nanking”, como suele ser conocida) van entre los 350000 y 500000, dependiendo de si se incluyen los hechos ocurridos en los alrededores de la ciudad o si se remiten únicamente a los casos que ocurrieron dentro del territorio de esta. El evento se inscribe en la larga serie de crímenes de guerra japoneses cometidos especialmente en China y Corea (entre ellos, la terrible experiencia de las “mujeres de confort”(4)). Estos hechos ocurrieron como parte de la política expansionista que el gobierno japonés comenzó a perseguir a fines del siglo XIX, cuando su creciente contacto con las potencias europeas los impulsó a pensar que si no conquistaban Asia Oriental serían pronto cercados por colonias anglosajonas. Una percepción del “atraso” chino y coreano frente a la “civilización” japonesa fue utilizada como justificación para la anexión de Corea y la progresiva conquista de China, que en ese entonces se encontraba sumida en una serie de rebeliones fallidas y luchas intestinas. Todo esto decantó en la serie de conflictos que abriría un frente asiático-pacífico durante la Guerra.

Durante las seis semanas siguientes a la conquista de Nanking, los soldados japoneses se dedicaron a asesinar ciudadanos, violar mujeres, destruir edificios y saquear todo lo que encontraban. Estas conductas, resultado de la creciente frustración de los miembros del ejército japonés, fueron conocidas y toleradas por los altos mandos de la organización, que no se mostraron dispuestos a intentar pacificar a sus soldados. Miles de mujeres y niñas (así como también niños) fueron violadas, en muchos casos por grupos de varios soldados, antes de ser mutiladas, insertándoseles cañas de bambú o armas dentro de los genitales. Varios de estos eventos fueron registrados en fotos y films tomados por los extranjeros occidentales presentes en la ciudad.

En una conocida historia que ocurrió durante los hechos, dos oficiales japoneses (Toshiaki Mukai y Tsuyoshi Noda), se desafiaron mutuamente a ver quién lograba asesinar primero a ciento cincuenta personas con la espada. Estos dos oficiales, luego juzgados por crímenes de guerra tras la rendición, ya eran famosos debido a que varios periódicos japoneses cubrían, destacando su “heroísmo”, la serie de simpáticos desafíos “vamos a ver quién mata más personas” que venían desarrollando mientras invadían el territorio chino. Es decir, los eventos que han sido negados por buena parte de la clase política japonesa, asegurándose que son parte de una “campaña anti-japonesa”, en buena parte eran relatados por la prensa oficialista japonesa.

Sin embargo, al día de hoy, el gobierno japonés difícilmente reconoce la veracidad de esta historia. En 1995, por primera vez, el gobierno japonés ofreció una disculpa verbal por “los sufrimientos causados sobre Asia” durante la Segunda Guerra Mundial. La falta de una versión escrita de este mensaje le quitó mucho peso para la comunidad china que reclama al día de hoy compensaciones y disculpas por los eventos ocurridos (así como también lo hace, de manera mucho más discreta, Corea del Sur). Posteriormente, miembros importantes de la política japonesa han asegurado que Nanking nunca ocurrió, así como es bastante recurrente que el gobierno japonés lleve la cifra china de 300000 a números más cercanos a 50000 o menos. A partir de esa operación, la de dudar de los números simbólicos que expresan la incalculable pérdida ocasionada por la masacre japonesa, los negacionistas de los asesinatos en masa prosiguen con la duda de que los asesinatos en verdad hayan sido favorecidos por el alto mando militar japonés para luego finalmente admitir que en verdad piensan que los eventos nunca ocurrieron. ¿Suena parecido a algo no?

El negacionismo es una política extendida en muchos países responsables de atrocidades, así como una forma de teoría conspirativa bastante popular entre militantes esquizofrénicos. Desde el negacionismo del Holocausto o el genocidio armenio, a versiones más matizadas como la teoría de la “leyenda negra española”(5) que se ha popularizado en España en los últimos años, las versiones que buscan matizar o relativizar grandes matanzas (hayan ocurrido hace cincuenta años o quinientos) que tienen fuertes consecuencias en el presente suelen ser el primer paso para intentar negar que las matanzas hayan ocurrido.

La estrategia puede observarse bastante fácil si imaginamos un país ficticio, ubicado en el Tercer Mundo, que de pronto queda en manos del mejor gobierno en los últimos cincuenta años de su historia: sus funcionarios primero plantean la posibilidad de que se hayan hecho negocios incomprobables con una cifra de muertos, durante un plan sistemático de terrorismo estatal, que, según ellos, no tiene sustento empírico; el segundo paso es cambiar los términos en que se habla de los eventos (quizás a lo que se llama genocidio o terrorismo de Estado comience a vérselo como una “guerra”); y el paso final es negar que los eventos hayan ocurrido como tales (un ejemplo de esto pudo ser practicado por un funcionario de vanguardia que hace unos años dudó de la “existencia de un plan sistemático”, ampliamente comprobado por la justicia y las investigaciones hechas en este país imaginario). Por suerte un proceso tan perverso solo ocurre en nuestro querido país imaginario y está muy lejos de la realidad político-social que los argentinos vivimos en la actualidad.

Fueron treinta mil. Fue cívico-militar. Fue un genocidio.

Nunca más.


(1) El Partido Liberal Democrático es un partido político japonés de derecha que predomina en el control del gobierno desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

(2) El Partido Democrático de Japón fue constituido a fines de los noventa por ex-miembros del PLD y del Partido Socialista. Su rápido crecimiento le permitió disputarle el poder al PLD. Recientemente se ha asociado con otros dos partidos para fundar el Partido Democrático.

(3) https://variety.com/2007/film/markets-festivals/docs-offer-rival-visions-of-nanking-2-1117958065/

(4) Durante la guerra, decenas de miles de mujeres coreanas fueron obligadas por el Estado Japonés a actuar como esclavas sexuales en establecimientos asentados en el frente de guerra. Muchas de las mujeres eran engañadas, bajo promesas de que conseguirían trabajo, y obligadas a tener sexo con soldados y oficiales. Raramente recibían algún tipo de “compensación material” por su situación. Al día de hoy, el Estado Japonés no reconoce los hechos (que recién comenzaron a ser discutidos, con mucha censura, en Corea durante los años noventa). Mujeres de China, Indonesia, Australia, las Filipinas y otros países también tomaron parte de este perverso sistema montado por el autoritarismo japonés.

(5) La “leyenda negra española” es una hipótesis propuesta por historiadores sobre una campaña anti-española llevada a cabo durante los siglos XVI y XVII (dependiendo del historiador, se señala a Inglaterra, Italia o Alemania como los instigadores). Aunque hay muchos elementos de la teoría que son ciertos, sus derivaciones políticas, frecuentemente usadas por la derecha española y latinoamericanos hispanófilos, se acercan mucho a las teorías conspirativas negacionistas de genocidios, masacres y conquistas, y suelen estar teñidas de todo tipo de anacronismos y afirmaciones racistas.

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