Pablo Américo
Staff editorial

Por Pablo Américo

I want to believe

Título Original: Melancholia

Título Castellano: Melancolia

Estreno: 18 de mayo del 2011 (Cannes)

Director: Lars Von Trier

Guión: Lars Von Trier

País de Origen: Dinamarca, Suecia, Francia, Alemania

Clasificación: M16

Duración: 135 minutos

Recientemente los medios y la opinión pública nacional descubrieron la existencia de los terraplanistas, la curiosa (y perversa) comunidad online devenida en tribu urbana que sostiene que la tierra es plana. El grupo, que está compuesto en su mayoría por militantes de ultraderecha(1), se solapa con otras agrupaciones de línea similar: los anti-vacunas, los que creen en Nibiru, los conspiracionistas de alienígenas ancestrales, los anti-semitas e incluso una pequeña pero creciente comunidad que asegura que Australia no existe. Los principales medios del país se decidieron por títulos del estilo “La comunidad terraplanista que asusta a los científicos”, a lo que un científico respondió: “Lo que asusta no es que existan los terraplanistas sino que los medios decidan darles entidad”.

Y es verdad. Las teorías conspirativas son una constante en las sociedades humanas. Siempre existen todo tipo de grupos en apariencia marginales que sostienen explicaciones del universo o visiones paranoicas que se fundan en la existencia de una gran mentira sostenida por grupos entre las sombras. Todos los grupos políticos, de hecho, suelen sostenerse en algún tipo de teoría conspirativa de baja intensidad: ¿no constituyen acaso muchas de las enunciaciones que culpan “al capitalismo” o, en su defecto, “al comunismo” en paranoias infundadas? La paranoia les da sentido a las cosas, la existencia de enemigos entre las sombras es más sencilla que la anárquica complejidad del mundo real. Como ya escribí el año pasado: “El pensamiento conspirativo es un síntoma de la crisis de paradigmas, es un intento desesperado por encontrarle un sentido ordenado a lo que se percibe como una ruptura incomprensible.”(2). El problema es que el estatus quo de algunos es la ruptura incomprensible de otro, la “crisis de paradigmas” es una constante para quienes no se sienten cómodos con el paradigma. Y, en algún sentido, todos nos sentimos un poco incómodos con el discurso que ordena nuestras realidades.

La conspiración nos da un sentido de pertenencia. Nos hace sentir parte de un grupo privilegiado que conoce una verdad inaccesible y oculta para el resto. La conspiración hace más fácil de tragar a la realidad, que parece tan difícil y desordenada, y hasta puede convertirse en una suerte de pequeña religión. De alguna manera, la idea de que el mundo está controlado por élites judías que quieren que creamos que vivimos en un planeta esférico es más sencillo que admitir que nos sentimos solos y tenemos mucho tiempo libre que no sabemos en qué invertir. Hay algo de “militancia psiquiátrica”(3) en toda agrupación conspirativa, pero al mismo tiempo no podemos asegurar que todos los miembros que sostienen una teoría conspirativa sean posibles pacientes psiquiátricos: después de todo, el nazismo se fundamentaba en una serie de teorías conspirativas y sería irresponsable decir que todos los nazis eran pacientes psiquiátricos.

Una teoría personal, aunque no puedo comprobarla, es que mientras las adolescentes se están decantando por militar en diversas manifestaciones del feminismo que las acercan, por inercia, a los distintos grupos políticos tradicionales (de izquierda y de derecha), los adolescentes varones se están aglutinando en torno a teorías conspirativas y grupos de ultraderecha que crecen en canales de YouTube sobre videojuegos y páginas de Instagram con memes “para hombres”. Aunque no puedo hacer un sondeo de la composición de género de los grupos de ultraderecha y las asociaciones conspirativistas, sí puedo señalar que la creciente adhesión a comunidades sustentadas en teorías conspirativas ridículas expresa la necesidad de encontrar grupos de pertenencia frente a la creciente fragmentación de las comunidades “tradicionales” modernas. Eso, y el hecho fáctico de que, al fin y al cabo, el feminismo, al que creo que (por suerte) la mayoría de las adolescentes están prefiriendo antes que el terraplanismo, también suele sustentarse en discursos que se basan en conspiraciones de baja intensidad y cierta carga empírica comprobable.

¿Qué tiene que ver todo esto con “Melancholia” de Lars Von Trier? En verdad: poco y nada, pero quería escribir sobre los terraplanistas y el reciente (o no) auge de las teorías conspirativas online que devienen en pseudo-agrupaciones militantes. Existe una posible conexión entre la trama del film y las teorías conspirativas, aunque el problema es que, desde el primer momento, Melancholia avisa a su audiencia que la teoría conspirativa que obsesiona a su protagonista, Claire (Charlotte Gainsbourg), es totalmente cierta: un planeta errante va a chocar contra la Tierra.

De esta manera, Melancholia, a todas vistas una película de ciencia ficción, evade la posibilidad de que los espectadores se obsesionen junto a Claire y especulen o no con la posibilidad de que el apocalipsis suceda (a lo largo de la película, el gobierno, la comunidad científica y el esposo de Claire aseguran que el planeta errante Melancolía no va a chocar contra la Tierra). Dejando de lado toda tensión real, el largometraje pone el foco en la relación y en la psyche de dos hermanas, de una familia aristocrática, la ya mencionada Claire y la alienada y depresiva Justine(4) (Kirsten Dunst, en uno de los mejores papeles de su carrera).

La película es la segunda en la Trilogía de la Depresión (precedida por “Antichrist” y sucedida por “Nymphomaniac”) que el polémico director danés produjo luego de un severo episodio depresivo que lo llevó a estar internado en una clínica psiquiátrica en el año 2008. Su estreno estuvo marcado por una polémica fuerte (y en retrospectiva muy divertida) generada durante una conferencia de prensa en Cannes en la que el director, ofendido con una pregunta, terminó asegurando ser nazi. Las declaraciones le valieron el ser declarado “persona non grata” por el Festival, al que recién volvería el año pasado para presentar la estremecedora “The House That Jack Built”.

Con su estética gótico-romántica, cinematografía y actuaciones espectaculares, música de Wagner y una historia que permite todo tipo de reflexiones y disecciones mentales, Melancholia, que tiene una duración extensa (como la mayoría del cine de Von Trier) es una buena excusa para quedarse encerrado una tarde de fin de semana, intentando no pensar que se vive en un mundo en el que hay gente que piensa que la tierra es plana, que las vacunas provocan autismo y que la culpa del devenir económico de un país capitalista es de sus trabajadores.


(1) No todo el antisemitismo terraplanista es de ultraderecha. Como suele suceder en los últimos tiempos, una buena parte de ese antisemitismo y antiempirismo proviene de progresistas filo-foucaultianos pasados de droga. Por ejemplo, el conocido escritor Pablo Ramos (sobre el que pesan múltiples denuncias por violencia doméstica y acoso sexual) se unió al movimiento terraplanista y decidió escribir en su Facebook: “Este fin de semana estoy en COLON Bs. As. Con mis complañeros, jeje. Y no se organizo en Colón por ninguna ironía con el Cristofolo Colombus, no. ES QUE EL QUERIDO Maxi, Que es un genio y tiene las bolas bien puestas, lo organizo a pulmón en su tierra natal. Y corregí las publicaciones CLARIN Y NACION, es COLON Pcia, de Bs. AS. Y por favor sean mas originales en las bromas así nos reímos todos. Si ya sabemos que el poder judeo-jesuita-masón de los EE UU, por ejemplo, no se mete en nada, no manipula gobiernos ni hace golpes de estado ni genocidios ni explosiones nucleares ni regó el cáncer entre los lideres latinoamericanos revolucionarios, y además ES VERDAD deben haber llegado a la luna, con todo lo geniales que son, si hasta emiten pasaportes a prueba de caídas de torres gemelas y fuegos de 2 mil grados celcius. Y los judíos sionistas che, nunca financiaron la política de deportación de HITLER. Y si la iglesia católica jesuita tan comprometida con la verdad, cree que la tierra es redonda uno debe creer también, alguna vez cuestionamos la SAGRADA FAMILIA? Dijimos familia es el genero humano y le abrimos la puerta a los pibes dela calle. No, no hagan eso jamas. LOS TERRAPLANISTAS SOMOS PARANOICOS E IGNORANTES ya que: LA TIERRA ES REDONDA LA CARIDAD BIEN ENTENDIDA EMPIEZA POR CASA EL CALENTAMIENTO GLOBAL ES SOLO UN NEGOCIO MADURO HIZO FRAUDE Y LOS 1’’ MIL CASOS DE CHICOS SODOMIZADOS POR CURAS HOY SIN RESOLVER SON MENTIRAS, ESOS CHICOS SON PUTOS PREGÚNTELE AL PADRE GRASSI QUE HOY SIGUE SIENDO SACERDOTE. GRACIAS POR ESO BERGOGLIO. Y PODRIA SEGUIR Y SEGUIR Y SEGUIR pero ….todas las cargadas me las paso bien por el forro de las pelotas”. Decidí transcribir el texto porque es de una personalidad pública, autor de múltiples libros y columnista/ensayista en prestigiosas publicaciones. Es un testimonio muy fuerte del nivel de esquizofrenia que se maneja en estos espacios. Díganle no a la droga.

(2) Extraído de “En defensa de la niñez y la familia” (https://deceducando.org/2018/10/29/en-defensa-de-la-ninez-y-la-familia/)

(3) Se suele usar el término “militancia psiquiátrica” como chicana política entre militantes para señalar que los miembros de una organización participan de ella porque poseen algún tipo de trauma o enfermedad mental. En la actualidad es muy común escucharlo (explícito o sugerido) de parte de conservadores reaccionarios que se expresan sobre el feminismo o el activismo LGTB

4 El nombre Justine es, por supuesto, una referencia a la novela “Justine” del Marqués de Sade. El uso de música de Wagner en el soundtrack es una referencia a un pasaje de “En Busca del Tiempo Perdido” de Marcel Proust.

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