Información y conocimiento en la era digital

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Staff editorial

Por Javier Lamónica

Introducción

Las herramientas tecnológicas, entendidas como artefactos culturales, constituyen materiales simbólicos que no solo modifican las condiciones de existencia sino que operan sobre el hombre en tanto que producen un cambio en él y en su concepción psíquica (Luria, 1928). Desde la fabricación de las primeras creaciones en piedra, estos instrumentos se han convertido en potenciadores del conocimiento expandiendo las posibilidades del desarrollo humano, regulando la interacción con el ambiente y con uno mismo.

A lo largo de la historia, las sociedades han usado estos signos y artefactos para vincularse y comprender el mundo que las rodea. De este modo las diferentes tecnologías se convierten en medios de interacción que permiten ampliar el alcance de los sentidos y de las acciones, superando los límites impuestos por la naturaleza.

El enfoque histórico-cultural de la cognición humana(1) nos ha mostrado que la actividad mediada por estas herramientas modifica simultáneamente al ambiente y al sujeto. Desde esta óptica, las tecnologías dejan de ser medios para convertirse en vehículos del pensamiento. Como señala Vigotzky (1929), es el hombre el que las crea, pero luego él mismo se ve transformado por ellas.

Sin embargo, es necesario tener en cuenta que las tecnologías no transforman las estructuras sociales sino que se incorporan a ellas. La dimensión social es constitutiva del hecho científico y tecnológico. Es la sociedad quien protagoniza el cambio, ya que toda opción tecnológica es social. Esto nos obliga a plantear el debate no solo en términos
técnicos (ventajas y desventajas de su uso), sino también en su dimensión ideológica, política y ética (Liguori, 1995).

En las páginas que siguen trataremos de comprender de qué modo han impactado las nuevas tecnologías de la información y el conocimiento en el desarrollo de la investigación científica como práctica profesional. En este sentido analizaremos sus nuevas formas de producción y consumo, y reflexionaremos en torno a las implicancias epistemológicas y metodológicas que estas transformaciones trajeron en la noción misma de conocimiento.

Información y conocimiento

Si bien a veces son tratadas como si fueran la misma cosa, existen diferencias sustanciales entre la información y el conocimiento. El conocimiento implica información interiorizada e integrada en las estructuras cognitivas del sujeto (Lion, 2006). Esto significa que mientras la información puede ser transferida, el conocimiento tiene como condición necesaria el involucramiento de un sujeto cognoscente. La transformación del dato en conocimiento requiere de mediaciones no solo de índole cognitiva sino también comunicacional. Esto conlleva un tiempo que el sujeto deberá disponer para la búsqueda y selección de la información que deberá ser apropiada para ser luego utilizada como insumo del conocimiento.

La información que se encuentra y a la que se accede desde los diferentes medios de difusión no es igual al conocimiento que se produce sobre su base.

“La información puede ser transmitida como está, el conocimiento necesita ser construido como una red de conexiones significativas por un sujeto en una situación determinada” (Lion, 2006: 50).

En este sentido, es imprescindible contar con conocimientos previos que den sentido a esos datos. A pesar de esto, eso no siempre ocurre y la información es utilizada sin procesar generando naufragios cognitivos (Burbules y Callister, 2001). En oposición, los “usuarios críticos” ponen en funcionamiento juicios de credibilidad que les permite convertir la información en conocimiento.

Estos procesos de apropiación se ven modificados cuando se encuentran mediados por tecnologías de distinto orden. Volviendo a lo que señalábamos al principio, estas herramientas no son solamente soportes sino que se convierten en vehículos del pensamiento, potenciadores del conocimiento que modifican nuestro modo de ver el mundo. Las nuevas tecnologías nos hacen pensar de manera diferente. Las relaciones que se establecen entre el pensamiento y la realidad son intervenidas por las operaciones constructivas de la tecnología. Por lo tanto,

“Las TIC ya no pueden ser pensadas como meras mediaciones (en el sentido atribuido a los medios de comunicación de masas). Las TIC efectivamente construyen y constituyen nuevas formas, espacios y tiempos de relación social, nuevas formas institucionales, nuevas formas de aprehensión personal y social, nuevas dimensiones de la cultura”. (Vizer, 2007: 53)

La universalización de estas redes ha generado un profundo impacto sobre la propia noción de conocimiento. El hipertexto, implica nuevos modos de organización de la información y, por lo tanto, nuevas formas de construcción del saber. La posibilidad de  elegir entre diferentes itinerarios a partir de una serie de enlaces interconectados, permite acceder a los datos de un modo no lineal, dándole al usuario la libertad de establecer su propia secuencia de búsqueda. Esto nos lleva a una revisión teórica y epistemológica de los procesos a través de los cuales pensamos la realidad.

En primer lugar, la producción de información electrónica altera radicalmente los conceptos tradicionales de tiempo, comunidad e historia. El tiempo deja de ser, medible y predecible, y empieza a ser atemporal, sin principios ni finales ni secuencias (Castells, 1999). El ciberespacio como categorización espacial, permite unir lo global con lo local y regional; y borra la tradicional división entre lo público y lo privado. Lo que sucede en un lugar repercute en diferentes lugares del globo de manera casi instantánea. Esto produce un choque entre la naturaleza reflexiva del conocimiento y la fugacidad impuesta en esta era de conectividad. Las tecnologías resultan rápidamente obsoletas volviendo falible y provisorio al conocimiento que se produce a partir de ellas. La posibilidad de acceder a nuevas fuentes de información, antes restringidas por limitaciones técnicas, geográficas (distancia) o idiomáticas(2), nos permite estar en contacto con investigaciones elaboradas en diferentes puntos del planeta. El volumen de la producción científica crece de manera sustancial y la velocidad del cambio se acelera de modos impensados. El conocimiento deja de ser una entidad tipo objeto que se atesora como un bien valioso.

En términos de Herbert Simon(3), el saber adquirido para un uso eventual, presente o futuro, deja de ser tan relevante, y lo que importa es como se puede acceder a él cuando queramos utilizarlo. Hoy por hoy, ya no es necesario recordar ni fechas ni nombres ni lugares, estamos a un clic de acceder a casi cualquier tipo de información. La antigua distancia que existía entre el interrogante y la respuesta se ha reducido a solo algunos segundos, convirtiendo al “dudar” en un verbo casi en desuso.

Las grandes narrativas, como las épicas nacionales y la noción de progreso científico empiezan a estar en duda. El énfasis puesto durante la modernidad a conceptos como totalidad y supremacía han dado lugar a un entendimiento más profundo de las historias
locales y prohibidas. Como menciona Giroux (1994), en el postmodernismo toda cultura merece ser investigada y no hay ningún aspecto de la producción cultural que pueda escapar de su propia historia dentro de las jerarquías de significado socialmente construidas.

En el ámbito de la historiografía, por ejemplo, esto ha dado lugar a los estudios micro, que pusieron el foco en determinados aspectos y sujetos de la historia que habían sido desatendidos por las anteriores tradiciones profesionales. Los grandes hechos y personajes, que constituían el eje de los relatos del pasado, dieron lugar a los pequeños eventos y a protagonistas olvidados.

Este cuestionamiento a las teorías totalizadoras fundamentadas en el deseo de obtener certezas y absolutos produjo una transformación en la propia naturaleza del saber. En términos de Lyotard (1987), la legitimidad del conocimiento dependerá de su capacidad de dar cuenta de su utilidad y valor en términos de mercado (performatividad). De este modo, el conocimiento se convierte en la principal fuerza de producción, ya que la productividad de las actividades económicas depende de la aplicación del saber. La propia ciencia, que era el juego de la verdad, empieza a ser dominada por el juego de la tecnología, que se convierte en un elemento preponderante a la hora de legitimar el conocimiento. Hoy es la propia “prueba” la que se encuentra en el banquillo. En este sentido, el capital dispuesto para la investigación y el desarrollo científico se convierte en un factor determinante en la construcción del saber. Quien sea más poderoso, en términos económicos, tendrá mayores oportunidades de dar “la prueba” y tener razón. Es por eso que, en la actualidad, los laboratorios más grandes del mundo son un elemento constitutivo de las empresas. Son estas quienes financian sus propias investigaciones, convirtiendo al conocimiento científico en uno de los principales factores de producción (Lyotard, 1979). Esto hace que la innovación se convierta en un requisito valioso dentro del sistema competitivo. Como señala De Moraes (2007),

“La fórmula para escapar de lo obsoleto consiste en sustituir lo que acaba de ser lanzado y, simultáneamente, anunciar lo que será innovación dentro de cinco, diez o quince años” (pág. 32).

A su vez, el criterio de investigación empieza a estar medido por su aplicabilidad en el sistema. La noción de performance, tan utilizada en otros ámbitos, ocupa un lugar cada vez más importante en el campo de la actividad científica relativizando las fronteras entre conocimiento y verdad.

Las nuevas tecnologías y sus implicancias profesionales

Las transformaciones descriptas en el apartado anterior tuvieron un fuerte impacto en las formas de producción y consumo de la información y el conocimiento. La circulación cibernética de diferentes tipos de documentos supone nuevas formas de autoría que afectan a la legitimidad del material disponible. En este sentido, resulta muy interesante el análisis de Carina Lion (2006) acerca de la noción de original y copia,

“En la actualidad, el trabajo con documentos electrónicos implica siempre la presencia de un original, en cierta medida su casi irreproducibilidad. Aún cuando diferentes personas estén aportando sus ideas en el mismo documento, cada texto representa un único original. La noción de copia original cobra entonces otra dimensión cuando se desdibujan sus fronteras.” (pág. 75)

Esto modifica también los procedimientos de validación académica. Los métodos de duplicación de la imprenta son diferentes que los que se producen en la duplicación electrónica. Este soporte imprime otro sesgo a los problemas del referato y a los procesos de asignación de sentido. La reapropiación de la información que circula por internet y su uso en nuevos documentos, que supone formas compartidas de autoría, es motivo de profundos debates dentro de diversas disciplinas como el derecho informático.

La diversificación de los modos de publicación amplía el horizonte de difusión del conocimiento y abre nuevas vías de incorporación al campo científico. Las convocatorias
y búsquedas de subsidios para proyectos de trabajo cooperativo, así como la participación en diversos concursos que se resuelven a la distancia a través de internet, son una muestra de estos cambios. El acceso a los grandes centros de investigación transforma también las condiciones de disponibilidad. La facilidad con la que se puede acceder a la información amplía el espectro de análisis y favorece la colaboración trans e interdisciplinaria. Las redes electrónicas posibilitan la asociación entre países, regiones e instituciones potenciando los modos de conectividad y de co-construcción del conocimiento, promoviendo nuevos espacios de intercambio y participación.

Sin embargo el desarrollo de las nuevas tecnologías no se puede analizar solo desde un costado instrumental. Con su incorporación se ve alterado el funcionamiento de las sociedades y los modos de interacción humana, que deben ser afrontados desde nuevos abordajes teóricos. Por otro lado, y como ya mencionamos al principio de este capítulo, toda opción tecnológica es social. No se trata de cambios lineales y progresivos frente a los cuales la sociedad se somete pasivamente. Esto nos lleva a la necesidad de adoptar una mirada que nos permita entender cuáles son los mecanismos de poder vinculados a la incorporación de tecnología en los procesos científicos y productivos actuales.

Dentro del campo científico, como en cualquier otro, existen relaciones de fuerza, luchas y estrategias, intereses y beneficios específicos (Bourdieu, 1999). Su estructura va a depender del enfrentamiento producido entre agentes desigualmente provistos de capital específico, que se enfrentaran para apropiarse del trabajo científico que producen. En este sentido, la incorporación de la tecnología no es ajena al contexto, ni a las aspiraciones del hombre.

“En el campo científico, como en el campo de las relaciones de clase, no existe instancia que legitime las instancias de legitimidad. Las reivindicaciones de legitimidad obtienen su legitimidad de la fuerza relativa de los grupos cuyos intereses ellas expresan: en la medida en que la definición misma de los criterios de juicio y de los principios de jerarquización es el objetivo de una lucha, nadie es buen juez, porque no hay juez que no sea parte.” (Bourdieu, 1999: 84)

La noción de “imperativo tecnológico” (Álvarez Revilla y otros, 1993), entendido como una secuencia progresiva de invenciones cada vez más perfectas, silencia las tensiones y enfrentamientos que se esconden detrás de cada una de esas transformaciones. La rapidez del desarrollo tecnológico no se produce a la par de su asimilación cultural, perceptiva y política. Todo cambio socio-cultural supone un cambio en la producción simbólica que requiere su tiempo (Orozco Gómez, 2007). Estas transformaciones repercuten en el interior de las diferentes áreas del saber, las cuales responden de manera diferencial, en función de cómo se encuentre distribuido el capital simbólico entre los diferentes agentes que integran la estructura.

Esto nos muestra que la ciencia no es desinteresada. Tanto los aspectos metodológicos y las formas de concurso y participación, como así también los aspectos morales, religiosos
o políticos que influyen en la actividad, son objeto de duros enfrentamientos en los que se ponen en juego estrategias antagónicas. Mientras los dominadores desarrollan tácticas
denominadas de conservación (que apuntan a asegurar la perpetuación del sistema), los dominados llevan a cabo estrategias de subversión a través de las cuales intentan ocupar
una lugar de mayor importancia dentro de la escala jerárquica (Bourdieu, 1999).

Es por eso que es necesario analizar la revolución tecnológica ocurrida en las últimas décadas en el marco de un contexto determinado, en el que los actores juegan un rol protagónico. Una herramienta carece de significado sin un concepto o una actitud. La tecnología no es ni buena ni mala per se, sino que son los hombres en tanto “consumidores” y “productores” de tecnología, quienes definen que se hace con ellas.

¿Ciencia digital?

Es posible que el desarrollo de las nuevas tecnologías tenga una implicancia profunda en
la transformación de los paradigmas científicos. Como describe Berger (2004), habitamos
un espacio sin horizontes, sin continuidad entre las acciones, sin pausas, ni pasado ni futuro. Vivimos un presente desigual y fragmentado, lleno de sorpresas y sensaciones, que no nos permite ver ni resultados ni consecuencias. Integrada en el consumismo, la ciencia está sumergida en la lógica del lucro y se convierte en una mercancía más y en un componente vital de la cadena productiva. En este marco de inestabilidad, la innovación se convierte en un elemento valioso dentro del sistema competitivo. Esto ha generado un aumento exponencial del conocimiento que implicó, entre otras cosas, una especialización y ramificación de los saberes.

La propia tecnología empieza a ser pensada como objeto de análisis. Si bien muchas veces su incorporación tiene como fin el tratamiento de otros contenidos, el soporte técnico tiene un impacto cada vez mayor en la organización del trabajo. Su introducción lleva consigo una forma de pensar diferente que orienta a la persona a enfocar el mundo
de una manera particular (Apple, 1996).

Si bien es cierto que estas herramientas acompañan el trabajo humano y justifican su existencia en el marco de una comunidad que les otorga significatividad, las nuevas tecnologías impactan en los procesos perceptivos centrales de algunos campos profesionales, reconceptualizando la propia práctica laboral. Las nuevas formas de representación que permiten las nuevas herramientas técnicas influyen tanto en el proceso como en el producto de pensamiento (Lion,. 2006).

A partir de diversas herramientas, dispositivos y aplicaciones, los profesionales de distintas ramas pueden recrear situaciones de su práctica laboral cotidiana, que de otro modo serían muy complejas, costosas y en algunos casos imposibles de realizar. Los entornos simulados son un buen ejemplo para pensar hasta qué punto el uso de las nuevas herramientas modifican las formas de investigación y experimentación. Desde programas que simulan tener un animal anestesiado, sobre el cual se pueden aplicar una serie de fármacos para evaluar sus efectos sobre la presión arterial y la frecuencia cardíaca (CARDIOLAB); o simuladores para enseñar procedimientos laparoscópicos con él se pueden practicar desde maniobras básicas hasta prácticas quirúrgicas completas (como colecistectomías, colectomías, eventroplastias, by-pass gástrico, entre otras), hasta la nueva generación de robots inteligentes (como el SIMMAN 3G), que son capaces de reproducir reacciones humanas tales como el dolor y responder con sonidos respiratorios, parpadeos y vómitos a las intervenciones médicas.

Estas nuevas herramientas nos permiten representar situaciones difícilmente accesibles, peligrosas y éticamente cuestionables. La posibilidad de emular infartos, hemorragias o programar simulaciones de emergencia donde el paciente pueda perder la vida, permite no solo reducir el número de accidentes, sino que también mejorar procedimientos hasta
poder realizarlos con la mayor precisión posible.

En esta enorme red en la que nos movemos sin saber bien hacia donde nos dirigimos, las
relaciones humanas son mediadas por los diferentes dispositivos teleinformacionales generando nuevas formas de comunicación que crean a su vez nuevos sistemas de signos. En el marco de los estudios sobre las diferentes formas de inteligencia humana, algunos autores (Battro y Denham, 2007), identifican a la “inteligencia digital” como una capacidad de la mente humana que se ha potenciado enormemente con el desarrollo de las nuevas tecnologías. La evolución de esta inteligencia se encuentra estrechamente ligada al desarrollo de una cultura en donde, en términos de Baudrillard (2009), lo digital es hegemónico, en donde el software predomina sobre la mirada.

Es imposible entender el modo en que miramos y entendemos al mundo sin analizar los medios a través de los cuales lo hacemos. Como señalamos al principio, las tecnologías nos permiten interactuar con el ambiente, trasnformándolo y transformándonos. Son creación y creadoras de una realidad que habitamos y que nos habita, que pensamos y que nos hace pensar y que se va modificando a nuestro paso.


(1) Dentro de esta corriente podemos encontrar los trabajos de Leontiev (1932), Luria (1928) y Vigotsky (1929) como algunos de los exponentes más importantes.

(2) Hoy existen diversos programas y aplicaciones que nos permiten traducir a nuestro idioma textos enteros con bastante fidelidad.

(3) Citado en Salomon, 2000.

Bibliografía

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Apple, M. (1989). Maestros y textos. Barcelona: Paidós.

Battro, A. M. y Denham, P. J. (2007) Hacia una inteligencia digital. Academia Nacional de Educación: Buenos Aires.

Baudrillard, J. (2009) ¿Por qué todo no ha desaparecido aún? Libros del Zorzal:  Buenos Aires.

Berger, J. (2004) El tamaño de una bolsa. Taurus: Buenos Aires.

Bourdieu, P. (1999). “Campo científico”, en: Intelectuales, política y poder. Buenos Aires: Eudeba.

Burbules, N. y Callister, T. (2001). Riesgos y promesas de las tecnología de la información. Buenos Aires: Granica.

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