Equilibristas didácticos

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Estela Dominguez Halpern (1)

Lo inesperado en la racionalidad educativa

Hace muchos años juego una adivinanza al caminar por la ciudad: me pregunto sobre la vida y la arquitectura de los interiores de los edificios que observo. Mi imaginación hace buscar a partir de pequeños detalles el tipo de interacción social que allí se despliega. Delineo en pequeñas pinceladas el encuentro social que se desarrolla. Muchas veces, me atrevo a ingresar e intentar conversar con alguna persona que lo habite, para nutrirme de esa geografía y vida particular que se trama en ese espacio.

Hay edificios que me permiten comprender fácilmente qué actores sociales y acciones se desarrollan en su interior. Qué voces lo recortan, cuáles son los tiempos que se diagraman, qué habitabilidad proponen. Ese edificio, ese espacio, es la escuela.

Hace más de 45 años que comparto un aula. Hace más de 30 años que el pizarrón me acompaña en mis días y es testigo de mi labor docente cotidiana. Observa mi nuca, mi espalda, mi mirada, sosteniendo un espacio social de aprendizaje y enseñanza.

Como diría una especialista en Tecnologías Educativas, la Dra Edith Litwin, utilizamos la tiza y el espacio del pizarrón, (tecnología de muy bajo costo que ha permanecido en el sistema educativo por más de 200 años), para presentar ideas, graficar dudas, focalizar presencias o explicar criterios.

Puede ser tanto negro como verde; a través de él, se enmarcan dinámicas, códigos lingüísticos y espacios de poder. No requiere mucho mantenimiento, se activa con una tiza y todo parece cobrar vida. Necesita un solo cuidado: que se utilice el elemento correcto, para poder operar sobre él y que cuando las ideas esparcidas por sus geografías, no quepan más, se utilice un borrador o trapo mojado, para volver a comenzar.

Nací en épocas de tizas. Ellas envolvieron parte de mi escolaridad primaria y media. Internet y las redes sociales no existían. Los tiempos, las esperas, las frustraciones tenían una especial cualidad. La mirada del docente, el lugar del alumno un particular espacio, ritmo y singularidad.

En nuestras aulas, existen dimensiones en donde lo tecnológico no logra recortar con esa eficacia, potencia y exactitud que lo caracteriza. En el especial contexto didáctico, en ese espacio íntimo, se debate, reflexiona, analiza, comprende (por favor incluya aquí el verbo que más le apetezca para dar cuenta de ese momento procesal didáctico) campos de conocimiento.

En su despliegue, en su conversación, en esa particular dinámica que se pone en juego cuando abrimos un tema u objeto de estudio, no tenemos ningún conocimiento o certeza sobre cuáles serán las consecuencias que tendrán esas acciones en el futuro. Cómo pregnan estos posicionamientos en la subjetividad adolescente; cómo nos configura al decirlas, como adultos, como profesores.

En un mundo VUCA (volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad) en el cual vivimos, estos acrónimos nos invitan a exponer y desarrollar intervenciones, modelos que dialogan, planteos de incertidumbres y contradicciones, utilizando para ello diversas estrategias didácticas en donde lo inesperado, la no resolución de problemáticas planteadas, pueden acontecer.

En esta descripción de nuestra vida en el aula, hay un aspecto que sin duda se encuentra invisible pero que considero nodal: nos necesitamos (docentes y estudiantes), unos a otros. Necesitamos su retroalimentación, su mirada. De esa manera mejoramos quienes somos, aprendemos, comprendemos. También, discutimos, nos enojamos, nos involucramos, nos apartamos, coincidimos y nos aproximamos.

Saboteamos, en las contradicciones que planteamos diariamente(2), el loco atontamiento de Jacotot.  Hackeamos el embrutecimiento, el sometimiento. Profesamos aquello que éste filósofo y pedagogo del 1800 enunciara: “es posible enseñar lo que uno ignora si uno es capaz de impulsar al alumno a utilizar su propia inteligencia”.

La indisciplina se hace presente también. Las controversias en las complejidades toman su forma. Dentro de todas las arquitecturas de aprendizaje posible, la diversidad y la creatividad cobran forma. Cómo generar espacios en donde la curiosidad y la participación estén presentes?

Lo vincular como línea de vida

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Un vaivén de verbos, se hicieron presentes. Ellos encolumnan, cual bastiones, el proceso de enseñanza y aprendizaje. ¿Cómo y de qué manera se conjugan en este espacio? ¿Cómo se constituye el diálogo entre el docente y el alumno?

Referimos un momento epocal de digitalización. La misma se cuela, cual aroma en las aulas. Evocando al flautista de Jamelin, su sonido aureático, embeleza.  

Pero, ¿solamente eso?.

¿Cómo ingresan las nuevas formas de conocer en nuestras didácticas? ¿Cómo traemos los mundos, al decir de Maturana, su complejidad y variación a las manos de nuestros jóvenes?

Generaciones diferentes se reúnen en un mismo espacio geográfico. Subjetividades que tienen asidero en experiencias notablemente diferentes confluyen en la dinámica de explorar conocimiento. Ambos, cual equilibristas, intentan no caer en el abismo.

Extrañamente, la soga por la cual caminan se observa de manera diferente. Sin embargo, ambos están sostenidos por una “línea de vida”. Ella es casi invisible pero se constituye en observable cuando inesperadamente, descubren el vacío.

El riesgo está siempre presente, pero discurrimos, transitamos, intentamos nuevas derivas, nuevos puntos de fuga.

La imagen de estar sujeto por un elemento tan delgado, nos enfrenta concretamente a aquellos aspectos de la experiencia o de la imaginación que son considerados demasiado íntimos como para hablar de ellos, difíciles  de ser tratados por nosotros mismos. “Es como si una capacidad, que nos parecía inextinguible, la más segura entre las seguras, de pronto nos fuera sustraída. A saber, la capacidad de intercambiar experiencias (Benjamin, 1986).

Somos el acróbata y el público a la vez; seguimos minuciosamente sus movimientos. Nuestro cuerpo ingresa a la escena, en tensión.

Quizás es por esto que en cada salto o pirueta, focalizamos nuestra mirada en la acrobacia, en la fuerza, elegancia y riesgo, olvidando el límite, invisibilizando de alguna forma al temor. Este toma forma a través del silencio y del redoblante; ahora sus fronteras. Aplaudimos al final de la escena, del acto, respirando nuevamente. La hazaña se ha concretado. La clase ha finalizado.

En todo acto de aprendizaje, requerimos de cierta empatía.  Un hilo de seda se comienza a hilvanar. El valor y la importancia de la conexión humana, de las relaciones. James Comer, señala que ningún aprendizaje significativo puede ocurrir sin una relación significativa.

Una imagen se hace presente, somos equilibristas didácticos. ¿Qué transmitimos realmente? Los modos de indagar, de aprender y de pensar un área de estudio, modos vinculados con las formas de leer y escribir que hemos ido desarrollando en la comunidad académica a la que pertenecemos.

Los profesores no solo discursamos sobre aquello que sabemos, sino que proponemos actividades para que los estudiantes puedan reconstruir el sistema de nociones y métodos de un campo de estudio, a través de participar en las prácticas de lectura, escritura y pensamiento.

Lo aprendido no es independiente de cómo se aprende: estrategias como aproximaciones sucesivas al objeto promoviendo varias instancias de trabajo para cada tema, proveer oportunidades en las que sea posible rever lo hecho anteriormente, eran (y son) recursos conocidos.

La complejidad de los fenómenos, la experiencia social cultural en la cual estamos inmersos se constituyen en dimensiones posibles para comenzar un diálogo compartido.  

Lo digital aquí, constituye un flechazo certero. Da en el blanco, en la metodología de enseñanza clásica.  Posibilita la construcción de una nueva clase invertida, de modo que pone en escena las transformaciones subjetivas producidas a partir del uso intensivo de tecnologías, tales como las relaciones entre subjetividad/cuerpo/tecnología o los modos específicos de producción/consumo/circulación de contenidos a partir de objetos comunicacionales relativamente recientes, como las redes sociales y las tecnologías móviles(3).

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Tal vez la clave esté en abordar la complejidad, proponer analizar problemáticas observando múltiples caminos o miradas multidisciplinarias que se cruzan y que forman parte de este proceso didáctico. Proponemos, ofrecernos a todos, docentes y estudiantes, un conjunto de herramientas teóricas, analíticas y críticas para trabajar desde una perspectiva sociotécnica.

El aprendizaje colaborativo dice presente. Los encuentros en los muros de nuestras escuelas, constituyen una revisión crítica sobre nuestra propia práctica docente, enriqueciendo el proceso de enseñanza y aprendizaje, diluyendo el tradicional  hiato docente – alumno, tejiendo con las voces de cada uno de los sujetos en dicho intercambio, un proceso de construcción de conocimiento.

Los soportes eclosionan. El libro como texto académico forma parte del nuevo bricolaje. Encontramos derivas de relatos por distintos canales, a través de diversos soportes. Cada uno, le habla, interpela, significa a los protagonistas. Dialoga, amplifica y provoca al tiempo que permite sumergirse en su narrativa. Los estudiantes, al decir de Baricco, desarrollaron branquias. Nosotros, cual quelonios, si bien sobrevivimos a diversas eras, seguimos caminando, algunos nadando, asomándonos a la inmersión, transitándola de a ratos.

Todos intervenimos, integramos, comentamos, compartimos, completamos, imitamos en el marco de nuevas fragmentaciones. Esta característica, si bien puede ser analizada críticamente, ha sido y es un modo de aprender desde hace muchos años.  

Nuevas convergencias, nuevas inmersiones, nuevas ecologías tecnológicas nos invitan a salir de los muros y pensarnos diferentes. Podemos hablar de formatos y entornos como e learning, educación on line, educación en la nube, classroom (google), sistemas de gestión de aprendizaje tanto de software libre como propietario como el Moodle ILIAS, ATutor, Claroline, Dokeos, Proyecto Sakai, Chamilo , SWAD, docenteenlinea.com@, Catedr@, Desire2Learn, eCollege.

También podemos mencionar, incontables repositorios digitales que posibilitan el acceso no sólo a materiales educativos de calidad, sino también experiencias, metodología, resultados, consejos, etc., en torno a los procesos de enseñanza y aprendizaje.  

Pero, en realidad, estamos hablando de las nuevas paradojas, de cómo lo individual y colectivo toma cuerpo en este nuevo escenario, en esta nueva ecología tecnosocial permitiéndonos ser ubicuos, multitasking, operando en redes, planteando diversas capas e interconexiones, observando la complejidad.

La herramienta ignorante

Establecer un vínculo con los Otros dentro y fuera de la geografía de la escuela, genera un espacio de comunidad, producción y colaboración en los procesos de construcción de las temáticas que desplegamos en cada uno de los encuentros presenciales. Nos habla de un tipo particular de dinámica que establecemos en nuestro propio interior, permitiendo resolver problemas educativos complejos, dinámicos, multidimensionados, evidenciando una disposición favorable para la innovación educativa.

Se proponen y construyen dinámicas colaborativas, convirtiendo la clase presencial, en laboratorios de experimentación y ensayo tanto sobre cómo enseñar pero sobre todo de cómo aprender. Se trata entonces, pensar nuevos espacios, nuevas ecologías y geografías: Fab-labs, espacios de experimentación y exploración, maquetización y diseño.

Claro, con el espacio no basta. Proponemos también un tono, una nueva forma.  Sustituir la metodología única y permanente por micro metodologías cambiantes. Presentar los conceptos como preguntas, y no como respuestas. La incorporación del azar, la improvisación, el error y lo inesperado, frente al control, el ensayo, el éxito y lo predecible. La participación es uno de los factores que tienen que ser reformulados, así como el rol de los miembros que comparten este espacio.

Avancemos un poco en esta idea. ¿Cómo son estos ámbitos y estas propuestas? Nuestras aulas pueden convertirse en un nuevo espacio en donde diversas disciplinan dialoguen.  Un Media Lab, puede promover un ámbito en donde alumnos y docentes, discutimos y proyectamos. Un espacio en donde poder conjugar diferentes disciplinas artísticas, científicas y tecnológicas.

Podemos también pensar el aula como un makerspace: un espacio colaborativo. A modo de ejemplo, podemos pensar esta geografía como un ámbito en donde se comparten recursos y conocimientos, se trabaje en proyectos, se realice networking y construyan objetos (reales y virtuales).

Esta idea de un espacio de colaboración, permite la exploración y el diseño de lo posible o lo probable. La constitución de escenarios es parte de su dinámica. Las lógicas de la incertidumbre, cobran vida en cada uno de las investigaciones que se generan: la práctica y la exploración son sus ejes. Aprender de las diferencias, de los encuentros, de los puntos de vista, una de sus características.

Proponemos desarrollar una herramienta ignorante, mejor dicho, una metodología ignorante. En cada encuentro toma presencia “la unidad de lo diverso”; las voces, las sensaciones, las experiencias, las imágenes que nos permiten (de)construir las líneas teóricas, invitándonos a poder imaginar, crear, posibilitar un nuevo tipo de conversación para la acción. Nos permite indagar modos de aprender y de pensar un área de estudio y volcarlos en un formato por fuera de la experiencia de escritura, modo en que la comunidad académica centralmente ha desarrollado su práctica.

Nuestra propuesta hace foco en desplegar un interés situacional, originado de acuerdo con las actividades, propuestas, tareas y contextos. Aquello que aprendemos todos (tanto alumnos como docentes) no es independiente de cómo se aprende: las diversas actividades, las experiencias promueven distintas instancias, aproximaciones, para cada tema. Se constituye una estructura recursiva en donde se andamian situaciones, estableciendo oportunidades en las que sea posible rever lo hecho anteriormente.

A lo largo de los años se ha considerado el espacio de nuestras aulas como el lugar privilegiado del saber legitimado. Proponemos revisar esta estructura y comenzar a transitar un camino en donde se constituya un foro abierto y dinámico de construcción permanente, plegándose a la dinámica de los proyectos a partir de diferentes actividades, que exceden en mucho la clase expositiva, y que buscan, progresivamente incorporar a los estudiantes como enunciadores-productores de la clase.

Una nueva ecología ha emergido: dinámicas de taller, clases dictadas en grupo, ejercicios participativos, simulaciones, coloquios y defensas.

Lo impreso, lo visual, lo real, lo virtual: una escuela expandida. Estas cuatro categorías nos atraviesan cognitivamente, ya que podríamos hackear la currícula, reflexionando sobre sus ausencias, accionando conjuntamente con nuestros alumnos.

Sabemos que así como cambian la materialidad de los medios de comunicación y sus prácticas sociales, deben cambiar el modo en que los comprendemos y transmitimos esa comprensión. El rol docente ha comenzado a mutar, somos aprendices al tiempo que catalizadores de experiencias estudiantiles.  

Este nuevo papel nos convoca, nos conmueve y nos obliga a reflexionar sobre nuestra práctica. Sabemos pocas cosas, pero si hay alguna certeza, es que los estudiantes nos recuerdan no sólo por lo que decimos sino por cómo los hacemos sentir. Somos esa magdalena mojada en la taza de té que nos regalara Proust (En busca del tiempo perdido).

¿Cómo nos posicionamos ahora, en este mundo tan complejo y dinámico.? ¿Cómo constituimos horizontes de certezas o de incertidubres en sujetos que se desempeñarán profesionalmente dentro de los próximos años? ¿Cómo nos/los educamos para un futuro incierto?

En la escuela, debemos comenzar a proponer un diseño curricular que reconstruya y analice las oposiciones para abrir a un mayor abanico de perspectivas, que permita la superación de las polaridades, de modo de abrir paso a la complejidad, a las discontinuidades, controversias y contradicciones.

Nos debemos una escuela que permita analizar la emergencia, los puntos de vista y que tome como materia prima al conflicto, que nos enfrente en nuestros diálogos, a la incertidumbre.

Nuestros alumnos nos hacen, nos recortan. Nos muestran nuestras debilidades y fortalezas. Nos interrogan. El hacer que bancariamente se les atribuyó, es clave en nuestra tarea.  El hacer es nuestro, es de ellos, es de todos.


(1) Estela Domínguez Halpern es profesora adjunta e investigadora de la Cátedra de Datos en la Facultad de Sociales de la Universidad de Buenos Aires, de la que participa como docente desde 1997. Es licenciada en las carreras de Sociología y Ciencias de la Educación por la Universidad de Buenos Aires. Se desempeña como consultora en el área de Educación Técnico Profesional del Ministerio de Educación de la Nación, realizó diferentes acciones de capacitación destinadas a docentes de Nivel Medio y Formación Profesional de todo el país. Su trabajo de investigación aborda la dinámica e imbricación entre la modernidad, la tecnología y sociedad, focalizando en los procesos de convergencias en los cuales nos encontramos inmersos actualmente.

(2) Al presentar por ejemplo complejas dinámicas históricas sintetizadas, en unidades.

(3) Deseamos puntualizar que partimos de los abordajes de las tecnologías como sistemas sociotécnicos, no consideradas meramente como dispositivos o máquinas.

 

Bibliografía

Benjamin, W. (1986); Sobre el programa de la filosofía futura, El narrador, Ed. Planeta Agostini.

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