“A serious man”

Pablo Américo

Staff editorial

Por Pablo Américo

Nada y algo

Título Original: A Serious Man

Título Castellano: Un Hombre Serio

Estreno: 2 de octubre del 2009 (USA)

Director: Joel y Ethan Coen

Guión: Joel y Ethan Coen

País de Origen: USA, UK, Francia

Clasificación: M13

Duración: 106 minutos

En el 2013, un año que a estas alturas parece pertenecer a otra era de la historia, Javier Lamónica, fundador y director de este espacio y quién, puedo decir, ha actuado como un “mentor” para mí, me recomendó que leyera “Nada” de Janne Teller. En ese entonces, el libro aún no circulaba en las librerías argentinas y tuve que leerlo de un pdf que encontré en internet. Yo tenía dieciséis años y, frente a la narrativa que propone la novela, elegí coincidir con la visión del mundo que representaban sus personajes más nihilistas, aquellos que, dentro de la polémica que plantea la historia (que actúa como una fábula para adolescentes muy poderosa, aunque quizás polémica por varios motivos), deciden pensar que la vida no tiene sentido y es, a fin de cuentas, nada. Javier, con otra interpretación del  libro, posiblemente mucho más lúcida (y “más masticada”, si se entiende la expresión), me insistió con una visión del libro en la que esa supuesta “nada” que algunos de los personajes tratan de mostrar no era más que un “algo” cargado de sentidos. En definitiva, pensaba Javier, adulto, padre de familia y mucho más motivado que yo, la vida está cargada de posibles sentidos.

Cinco años después, no voy a mentir, yo sigo estando del lado de la nada. Y es por eso que, quizás, me siento atraído por la cinematografía de los hermanos Coen, a quienes siempre leo con esa clave. Mi propuesta de base para esta semana es que los dos o tres que vean la película después de leer este artículo(1) lo hagan intentando tomar posición por alguno de los dos lados de esta dicotomía brevemente expuesta: por el lado “nada” (mío) o el lado “algo” (Javier). Si conseguimos más personas del lado “algo”, que descifren algún tipo de sentido detrás de la existencia de los personajes coenianos, implica que las cosas están marchando bien. Sí, los estoy invitando a no pensar como yo. Soy un nihilista, pero no un nihilista militante.

La historia de “A Serious Man” está inspirada en un rabino que trabajaba en la escuela a la que asistían los hermanos Coen y tenía la costumbre de conversar con cada uno de los alumnos, en privado y secretamente, cuando se egresaban. En una de sus producciones “más maduras”, haciendo uso de un cultivado humor negro y referencias poco evidentes al Libro de Job, la película comienza con una escena probablemente fantasiosa, en la que un dybbuk (un espíritu maligno del folclore judío(2)) es invitado a almorzar en la casa de una familia yiddish en algún lugar de Europa Oriental. El truco está, obviamente, en que el dybbuk puede ser un simple hombre mortal y no un verdadero espectro sobrenatural.

Un siglo después, en un deprimente suburbio norteamericano de clase media a fines de los sesenta, Larry Gopnik (Michael Stuhlbarg), un profesor de física, se entera de que su esposa, Judith (Sari Lennick), quiere divorciarse para poder casarse con un viudo, Sy Ableman (Fred Melamed), que es su amante hace tiempo. Paralelamente, Larry también debe enfrentarse a su hermano, que está desempleado y duerme en el sofá de su casa. Durante la siguiente hora y media, Larry se sumerge en un espiral de decadencia y sinsentidos, que lo lleva a aceptar un soborno de un estudiante coreano, asistir al funeral de uno de los personajes (tras una escena que, para mí, es decisiva para definirse por el campo “algo” o el campo “nada”) y escuchar los consejos inservibles de tres rabinos(3).

Como trama subterránea, que acompaña las desventuras de Larry, su hijo Danny (Aaron Wolff) compra marihuana a un bully de su colegio hebreo pero luego le debe el dinero (veinte dólares) porque, tras una serie de malas decisiones, este queda en posesión de su maestra. Al mismo tiempo, Danny se prepara todos los días para su ceremonia de Bar Mitzvah, el único evento que le genera algo de orgullo al desahuciado Larry. Todo desencadena un final que ni siquiera puede ser considerado un final abierto, puesto que más bien lo que sucede es que la película se detiene en un momento de las vidas de los protagonistas, un momento que puede significarlo todo (en una mala manera) o no significar absolutamente nada. Para mí, se lee desde la “nada”. Para ustedes, espero, se leerá desde el “algo”.

“A Serious Man” tiene la virtud de traer a primera plana las cuestiones religiosas y, en particular, bíblicas a la mitología coeniana. Desde una perspectiva absurdista, los Coen narran la historia de quien ha sido llamado el “Job de los suburbios”, siguiendo la lógica (no necesariamente cristiana-judaica, puesto que también está presente en la filosofía griega) del hombre bueno, o al menos inocente o pasivo, al que no dejan de pasarle cosas malas. Lejos de interpretaciones estiradas que han intentado ver en la película una parábola sobre el Holocausto, los Coens realizan con este film su historia más personal, basada en sus propias experiencias como judíos creciendo en los suburbios. Larry es un personaje prototípico de los Coen, no tan lejano al mucho más maligno pero igualmente  fracasado protagonista de la película “Fargo” o incluso al personaje de Billy Bob Thornton en “The Man Who Wasn’t There”. Larry también sirvió como inspiración para Lester Nygaard (Martin Freeman), el protagonista de la primera temporada de la serie “Fargo”, que hace uso de los arquetipos y tramas típicas de los Coen para contar historias en forma de miniserie, que se reinician con cada nueva temporada(4).

Al mismo tiempo, como en todas sus películas, pero con particular saña, los hermanos Coen actúan como dioses (son los dioses, para sus personajes) que encuentran nuevas maneras de torturar a Larry. A diferencia de otras de sus obras, me refiero en particular a “No Country For Old Men” y “The Big Lebowski” (aunque también a los personajes de Billy Bob Thornton y David Thewlis en la serie Fargo, que no fueron creados por los Coen pero encapsulan esta idea aún mejor), “A Serious Man” no cuenta con un personaje que personifique el mal, sino que borronea los contornos entre el aparente hombre bueno Larry (más bien emasculado y triste) y sus defectuosos acompañantes, sin necesitar de un personaje que encarne la tentación por el pecado o el pecado en sí (o la mera destrucción, casi entrópica, del villano de “No Country For Old Men”).

De esta forma permiten una dicotomía religión-absurdo que puede alimentar a mi dicotomía del nada-algo, en la que, admitámoslo, todo algo implica un trasfondo religioso (que puede ser completamente secular) y todo nada reduce el mundo a un absurdo (que de todas formas puede contar con deidades, y hasta casi parece llamado a hacerlo). En un extraño ejercicio (es probable que no sea tan extraño) que propongo, el mundo con sentido ha de ser el más absurdo. Lo menos concebible es lo más comúnmente concebido.

Y es por eso, quizás, la nada requiere un todo que la mantiene funcionando mientras que el todo, el sentido, puede estar compuesto de un montón de pedazos de nada.


(1) Qué optimista de mi parte pensar que hay dos o tres.

(2) Los monstruos y espectros del folclore judío son mucho más interesantes y aterradores que los aburridos fantasmas cristianos.

(3) Destaca en especial la extraña historia del dentista, acompañada por una hipnótica versión editada de “Machine Gun” de Jimi Hendrix

(4) “Fargo” es, sin ninguna duda, una de las mejores (para mi la mejor) series de televisión de la historia. Con solo tres temporadas ha logrado capturar, de la mano de su creador Noah Hawley (que también está a cargo de la excelente “Legion” y de una futura adaptación de un libro de Kurt Vonnegut), perfectamente la atmósfera de las películas de los hermanos Coen al mismo tiempo que cuenta historias originales y tremendamente atrapantes (contando, además, con actores de primer nivel). Para mí, demás está decir, la serie está totalmente del lado de la nada. Seguramente Javier, u otro, pueda leerla desde el algo.

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