Entre les murs

Pablo Américo

Staff editorial

Por Pablo Américo

Autobiografía de un docente francés

Título Original: Entre Les Murs

Título Castellano: Entre Los Muros

Estreno: 24 de septiembre del 2008 (Francia)

Director: Laurent Cantet

Guión: Laurent Cantet, Robin Campillo, Françoise Bégaudeau.

País de Origen: Francia

Clasificación: ATP

Duración: 128 minutos

Hace diez años, Entre les Murs se convirtió en la primera película francesa en ganar la Palm d’Or en Cannes desde 1987 (evento que se repetiría en el 2015, con la salida de “Dheepan”). “The Class”(1) también estuvo nominada como “Mejor Película Extranjera” en los Oscars, perdiendo contra la japonesa “Okuribito”, y fue considerada por algunos críticos como “La Sociedad de los Poetas Muertos” para el Siglo XXI. Y, en verdad, es una obra que poco tiene que ver con el éxito comercial de Robbie Williams. Aclaro que no tengo nada en contra de “Poetas Muertos”, es un clásico indiscutible, pero la apuesta del director Laurent Cantet es de otro tipo por donde se la mire. El director, hijo de dos maestros, decidió utilizar a chicos de entre 14 y 15 años que no se dedicaban a la actuación para llenar la clase que actúa como verdadera protagonista y, aunque existen diversas versiones al respecto, en buena medida muchas escenas fueron improvisadas. Además, Cantet dejo que Francois Bégaudeau, el autor del libro en que se basa la obra, se protagonice a sí mismo (o a una versión de sí mismo) en el largometraje.

Francois Bégaudeau había escrito su novela “Entre les Murs” como una narración autobiográfica de sus experiencias como docente en una escuela secundaria en el centro de París. Un alumnado diverso, tanto en lo étnico como en lo socio-económico, es el espejo al que se enfrenta François Marin (el alter-ego), un joven docente de Literatura. Marin no es un cínico ni un idealista, se mueve en el campo de lo realista mientras responde a alumnos que varían entre lo sencillo y lo complicado, ejerciendo una verdadera realpolitik de la docencia, no demasiado ineficaz pero tampoco hábil en exceso, como suele ser el caso de la mayoría de los profesores.

Solo se me viene a la mente otra película con un escritor haciendo de protagonista y representándose a sí mismo y es “L’enlèvement de Michel Houellebecq” (“El Secuestro de Michel Houellebecq”) aunque también podemos pensar en cameos de escritores como Maya Angelou (“Poetic Justice”, “How To Make an American Quilt”, “Madea’s Family Reunion”, sumados a cortometrajes y episodios de series de televisión), William S. Burroughs en “Drugstore Cowboy” (de Gus Van Sant), y la argentina “El Artista” que contiene una escena en la que Fogwill y Laiseca (en conjunto con León Ferrari y Horacio González) hacen una aparición. Como mención honorifica quizá se podría nombrar a Thomas Pynchon, Stephen King, Alan Moore, J. K. Rowling y otros actuando como sí mismos en capítulos de los Simpsons (2).

Hice este pequeño rodeo a través de la cultura pop para demostrar lo difícil que es ubicar a “Entre les Murs” en conjunto con otras películas. Hay montones de películas francesas sobre maestros, desde la anarquista “Zéro de Conduite” (1933) a la muy reciente “Les Grands Esprits” (2017), pero “Entre les Murs” es la única que destaca por su peculiar mezcla entre ficción y documental. Existen también montones de películas sobre docentes, pero “Entre les Murs” escapa a la estructura narrativa cliché teñida de tragedia, y a veces cargada de ciertos elementos de hubris, que suele caracterizar a largometrajes como “Die Welle”, “Les Choristes” (otra francesa sobre docentes) y la ya mencionada “Dead Poets Society”. Dirigido bajo un estilo imbuido con la mejor tradición del cinéma vérité (3), Cantet se permite realizar un documental ficcionalizado de una escuela secundaria francesa contemporánea, con una narrativa simple, sin ningún gran sobresalto, en lo que pareciera ser un pequeño segmento dentro de la vida común y corriente de los personajes. No hay trascendencia, pero sí toneladas de reflexión, a medida que Marin se interna entre los muros del colegio. Y la evocación de la palabra “muro” hace imposible evitar pensar en la ópera-rock de Pink Floyd “The Wall” (y su adaptación cinematográfica y múltiples versiones en vivo(4)). Sin tener el dramatismo de la visión de la escuela de la obra maestra de Roger Waters, “Entre les Murs” presenta una escena, al principio, en la que los profesores nuevos son introducidos a los alumnos que van a tener, a través de una lista durante una reunión de docentes, y otros maestros les dicen si es “bueno” o “no es bueno” (siendo la mayoría “no es bueno”). Con ese pequeño segmento deja justificada la evocación (intencionada o no) a los muros psicodélicos de Pink Floyd.

Está claro que “Entre les Murs”, desde una visión mucho más sutil, presenta la dicotomía entre pobreza y problemas raciales (o étnicos) que discutí brevemente reseñando “Divines” la semana pasada. Esta vez, a diferencia de “Divines”, no logré encontrar una entrevista en la que Laurent se pronuncie al respecto de esta problemática (como si la había con la directora de Divines) por lo que voy a traer a la mesa algo de apoyo teórico. El debate que planteó, y que sirve a mi parecer como disparador para todo tipo de reflexiones sobre el film, es si la película tiene como temática a la pobreza, y dentro de esta se subsume la problemática racial, o si lo racial representa un campo separable de la pobreza. Y aquí se vuelve imposible no entrar en la dicotomía entre distribución-reconocimiento discutida por diversos teóricos sociales pero principalmente popularizada por Nancy Fraser. Básicamente, según la teórica feminista, en el mundo globalizado post-comunista y post-fordista las reivindicaciones de justicia social se dividen entre la redistribución (pretender una distribución más justa de los recursos y de la riqueza) y el reconocimiento (relacionado directamente con las tan populares identity politics). Según Fraser, ambas corrientes intentan subsumir a la otra, por lo que ella propone dejar de considerarlas como mutuamente exclusivas porque la justicia exige tanto redistribución como reconocimiento (5). Sin considerarme apto de entrar en esta compleja polémica, me preguntó: ¿Divines y Entre les Murs nos hablan de redistribución o de reconocimiento? (6) ¿Hablamos de multi-culturalismo o es esto una pantalla de humo superestructural para esconder nuestra cruenta estructura de capitalismo post-industrial?

Para comenzar a cerrar esta reseña quiero recordar una anécdota personal: cuando vi por primera vez esta película (por recomendación de Javier Lamónica) aún estaba en el secundario y me llamó mucho la atención el hecho de que los alumnos elegían delegados para que fuesen a las reuniones de profesores. En mi colegio se elegían delegados con la única función de que firmaran simbólicamente una planilla en la que se acordaban las fechas de las evaluaciones (cosa que, de todas formas, no se hacía muy seguido). Recuerdo haber reclamado que tuviésemos un sistema similar en la escuela pero, obviamente, ni mis compañeros ni mis docentes se interesaron en lo más mínimo. Desconozco si esta práctica se realiza en escuelas públicas o en otro tipo de escuelas privadas argentinas (no me imagino una situación así en una escuela católica conservadora como la que me educó a mí) pero actualmente me pregunto si en un contexto de creciente “involucración” del adolescente en sus propias problemáticas, no sería lógico generar formas más horizontales y democráticas en las escuelas secundarias, esto sin pensar en romper con la jerarquía docente-alumno (que yo defiendo a rajatabla) sino más bien en modelos participativos que quizá se asemejen más a los de la universidad pública (aunque entiendo que en algunas escuelas de gestión estatal la realidad es más cercana a esto).

Por otro lado, y para concluir, no puedo dejar de destacar la escena de la película en que, ante la lectura de “El Diario de Ana Frank”, algunos alumnos le cuestionan a Marin por qué no leer un libro más contemporáneo. Una analogía similar podría aparecer con la tradicional lectura del “Martín Fierro” en la Argentina. Entiendo la importancia del Martín Fierro dentro de la construcción literaria nacional y dentro de la tradición argentina, pero la mayoría de sus temáticas y sus propuestas tienen poco que ver con la Argentina democrática y con tendencia creciente a lo pluri-cultural de las últimas décadas. A esto se le suma el hecho de que es una lectura que, en gran parte, aburre e interesa muy poco a los chicos, y que no aporta grandes posibilidades de reflexión a salvo que se la enfoque desde una perspectiva histórica o crítica, quizá en compañía de textos historiográficos (como se suele acostumbrar en las materias de algunos docentes apreciables).

Como adolescente me hubiese divertido y hubiese reflexionado mucho más con “Las Aventuras de la China Iron” de Cabezón Cámara, aunque sé que es imposible que ese libro cruce las puertas de un aula (y, hasta un punto, me parece correcto). Me atrevería a decir que estamos a pocos años de que comiencen controversias como las que sacuden a Estados Unidos, con respecto a la literatura “tradicional” racista que se hace leer en las escuelas, pero en nuestro caso centradas en los mensajes y la posición del mundo que plantea el “Martín Fierro”.

No necesariamente estoy de acuerdo con la posición tomada por los impulsores de estas controversias (una mera cuestión de reconocimiento) pero considero que a la hora de hacer escuela, y a la hora de hacer cualquier cosa, es menos costoso reconocer el signo de los tiempos y buscar opciones superadoras a aferrarse a un tradicionalismo infante que patalea y llora que el mundo se ha arruinado porque de pronto no es tan feliz pensar un país de machotes que luchan contra los indios.


(1) Con este nombre se la conoce en el mundo anglosajón.

(2) Y, aunque obviamente no son escritores haciendo de si mismo, no hay que perderse la versión de J. D. Salinger en BoJack Horseman y el Edgar Allan Poe (auto-apodado “Nightpain”) que aparece en South Park (S17E04).

(3) No hablo de la canción de Serú Girán, aunque ya que estoy en semana de recomendaciones, quien no haya escuchado “Cinema Verite” debería dejar de perder su tiempo y entrar a Spotify, Youtube o plataforma similar.

(4) Recomiendo ver no solo el clásico surrealista “Pink Floyd: The Wall” (1982) sino también disfrutar del más reciente “Roger Waters: The Wall” (2015) así como escuchar “Is There Anybody Out There?” (2000), el registro en vivo de los recitales de “The Wall” entre los años 1980-81.

(5) En las notas al pie si me animo a tomar posición frente al debate y me plantó del lado de la distribución (aunque considerando a la búsqueda de reconocimiento como una forma menor de distribución). No tengo espacio, ni me considero con la capacidad de hacerlo, pero como sustento de mi posición política (esto es un tema más político-filosófico que teórico-filosófico) señalaría brevemente que la cuestión del “reconocimiento” aparece en la filosofía desde la creación del sujeto cartesiano o antes, y que la búsqueda del hombre por el reconocimiento (individual) de la igualdad mutua puede verse en tiempos contemporáneos en autores reaccionarios que van desde Carl Schmitt a Francis Fukuyama, Básicamente, las cuestiones de reconocimiento son fácilmente apropiables por quienes nunca accederán a discutir las cuestiones de redistribución (o el verdadero trasfondo de las cuestiones de reconocimiento, limitándose generalmente a una mercantilización del reconocimiento).

(6) Vuelvo a recordar que la directora de “Divines” se decantó por la redistribución, asegurando que su film no era sobre la raza sino sobre la pobreza.

Bibliografía

Fraser, Nancy y Honneth, Axel (2006). “¿Redistribución o reconocimiento? Un debate político filosófico”. Ediciones Morata, Madrid, España.

Cabezón Cámara, Gabriela (2017). “Las Aventuras de la China Iron”. Editorial Random House, Buenos Aires, Argentina.

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