Divines

 

Pablo Américo

Staff editorial

Por Pablo Américo

Amistad en el gueto francés

Título Original: Divines

Título Castellano: Divinas

Estreno: 31 de agosto de 2016 (Francia)

Director: Houda Benyamina

Guión: Marc-Benoît Créancier

País de Origen: Francia/Qatar

Clasificación: M13

Duración: 105 minutos

Xavier tiene ganas de pegarle una tremenda patada en el culo a la gorda árabe con velo que se contonea delante de él. Por Dios, ¿no sería posible caminar doscientos metros por la calle sin tener que soportar sus velos, sus manos de Fátima en el retrovisor o la agresividad de sus hijos? ¡Raza de mierda, no me extraña que no los quieran! El ha ido a hacer las compras en lugar de estar trabajando porque su mujer no quiere que la tomen por una sirviente, y entretanto los vagos asquerosos de los moros deambulando por ahí, tan tranquilos, sin trabajar, entre desocupados generosamente mantenidos por los subsidios, se pasan el día en el bar mientras sus mujeres trabajan. No contentas con ocuparse de todo en la casa sin quejarse, con ir a trabajar para mantenerlos, encima sienten la necesidad de ponerse el velo para mostrar su sumisión. Esto es una guerra psicológica, lo hacen para que el macho francés vea lo devaluado que está.”

 

Eso piensa Xavier, un personaje ultraderechista de la trilogía “Vernon Subutex” de Virginie Despentes (1), envuelto en las controversias que conmueven a la sociedad francesa desde hace unos cuantos años. Desde un lugar ideológico diferente, Michel Houellebecq, en su sobrevaluada novela “Sumisión”, escribe: “Probablemente a aquellas personas que han vivido y prosperado en un sistema social dado les es imposible imaginar el punto de vista de quienes, al no haber esperado nunca nada de ese sistema, contemplan su destrucción sin especial temor”. El panorama que imagina es apocalíptico, una civilización europea al borde de ser borrada por el entrismo cultural de los musulmanes, frente a la inacción total de la intelligentsia francesa, de izquierda post-moderna, más preocupada por las teorías de género que por la irrupción de mezquitas en el paisaje urbano (esto no es per se una crítica a esas prioridades, sino un diagnóstico de una realidad). Desde el otro lado del Atlántico, la escritora nigeriana-estadounidense Chimamanda Ngozi Adiche hace una observación pertinente para la discusión: “No descubrí que era negra hasta llegar a los EE. UU., y eso es algo muy común entre los inmigrantes africanos o caribeños” (2). Los números parecen estar del lado de Chimamanda, la cuestión es mucho más simbólica que real: en Estados Unidos solamente el 13% (3) de la población es negra mientras que en Europa solo un 4,9% de la población es musulmana (4). Y, en otra entrevista, la famosa narradora dice algo más importante para la reseña de esta semana: “A veces la gente se molesta porque no usas el lenguaje que se supone deberías usar. Pero si empiezas a ver el mundo a través de las lentes de la teoría te puedes ver forzada a ignorar esas áreas de la experiencia humana que no encajan con ella.” (5). Desde el otro lado del océano, Houellebecq le contesta de manera difusa: “Siempre es excitante atacar lo sagrado. Atacar a Dios siempre es un riesgo, pero es divertido” (6).

¿Y a qué viene todo esto? Bueno, la película que voy a comentar esta semana, puede entrar dentro de la categoría chimamandiana: es una narración sobre la realidad francesa, pero esta poco interesada en la teoría. La producción franco-qatarí “Divines”, hasta el día de hoy disponible en Netflix Latinoamérica, fue dirigida por la debutante Houda Benyamina, y logró recibir la atención de las ceremonias de premios en Cannes, los César Awards y los festivales de Munich, Londres y Hamptons International. Es un drama por momentos intenso, perteneciente a la corriente cinematográfica francesa del “cinéma de banlieue”, que se centra en la amistad de Dounia (Oulaya Amamra), una chica de familia gitana, y Maimouna (Déborah Lukumuena), de familia musulmana conservadora. Las dos están desesperadas por conseguir algo de dinero, y se dedican a robar cosas de supermercados para luego vendérselas a sus compañeros de curso. Al igual que las dos películas pasadas (y que buena parte de las narraciones humanas), Divines es una historia coming-of-age, pero, a diferencia de las dos películas, se desenvuelve por momentos como un thriller, y quizá se deja llevar demasiado por estas características en los minutos finales, en los que la otrora simpática historia termina convertida en un drama de terror urbano. A diferencia de buena parte de la producción cinemática sobre personajes similares, el foco de Divines no está colocado sobre el sobre-simplificado aspecto racial sino sobre la realidad más universal de la pobreza y la desigualdad social en el mundo Instagram.

El conflicto que mueve a la trama es presentado cuando Dounia decide buscar trabajo con Rebecca (Jisca Kalvanda), una narcotraficante que empieza a entrenar a las dos chicas para que sean dealers. Paralelamente se desenvuelve un arco argumental romántico: Dounia y Maimouna suelen ir a esconderse entre los pasadizos de un pequeño teatro y observar a los bailarines que ensayan. Por supuesto, Dounia se enamora de Djigui (Kévin Mischiel), un bailarín inexperto, que trabaja como guardia de seguridad en un supermercado.

Pero, para ser sinceros, todo esto es un marco para las dos escenas más poderosas del film. La primera se desarrolla en el colegio público al que asisten las jóvenes. Allí, Dounia está siendo entrenada para trabajar como recepcionista y su maestra la reprende por olvidarse de sonreír cuando simula que está atendiendo a una chica. Dounia debe saludarla, desearle un buen día, registrar su nombre y ofrecerle un folleto contra el racismo, y sonreír, esa parte es particularmente importante para la profesora y eso irrita de manera creciente a su alumna. Dounia empieza a burlarse, realizando una sonrisa exagerada, y la profesora se exaspera, corrigiendo su manera de sentarse, a lo que Dounia responde burlándose nuevamente. La discusión comienza a escalar, y la profesora le pregunta a Dounia: “¿Qué pensás hacer con tu vida?”. A lo que Dounia responde: “Lo que hacen todos, dinero, dinero, dinero”. Cuando la profesora insiste con que, de eso se trata, aprender a hacer dinero, Dounia la interpela: “¿Conoces a muchas recepcionistas millonarias?”. “¿No ves que intento ayudarte?” dice la profesora. “¿Ayudarme a qué? ¿A ser una sirviente de la sociedad?”. “Las reglas son necesarias, pero vos sos terca, no querés aprender, así que nunca vas a lograr nada en tu vida” le responde, incorrectamente, su profesora, en un diálogo que comienza a tornarse un poco exagerado. “¿Y vos que lograste? ¡Mira como estas vestida!” retruca Dounia y comienza a hacer cuentas sobre los gastos mensuales de la profesora, para llegar a la conclusión de que ella también, al final del día, es pobre. “Yo no quiero pedir limosna, ¡tengo orgullo!” grita Dounia subida a una silla mientras su profesora la manda con el director. Dounia jura que va a hacer más dinero del que su profesora vio en toda su vida y deja la escuela para siempre. Unas escenas más tarde está hablando con Rebecca (7).

La otra escena es más difícil de describir en palabras y es el momento más “liviano” de la película, y posiblemente el más icónico, lo cual parece haber sido algo notorio para el equipo de marketing que decidió plasmarlo en el poster promocional de la cinta. Dounia y Maimouna están caminando por las calles de París y Dounia comienza a imaginar que conducen una Ferrari y un truco de cámara, que pasa a enfocarlas solo desde los hombros para arriba, genera la sensación de que realmente están conduciendo un auto mientras hablan durante algunos momentos. Pero en un punto, todo vuelve a la realidad. Dounia y Maimouna son dos “inmigrantes” (8), dos extranjeras en una tierra que parece no tener uso para ellas, al mismo tiempo que requiere incontables recepcionistas. Soldados de reserva siempre listos para ser subcontratados o para convertirse en carbón en el fuego electoral de la ultraderecha (o de los partidos menos anti-sistema también).

Dounia sueña con ser una superestrella, admirada por un público masivo que alimenta su ego con likes en redes sociales, y con un Home Banking que con cada refresh le muestre dinero que jamás alcanzará a gastar. ¿No es acaso lo que soñamos todos los que no podemos ver al mundo desde esos Olimpos que habita el famoso uno-por-ciento? Pero Dounia sueña desde el gueto, desde el campamento gitano en el que vive con su madre, que trabaja en un bar, y su tía. Dounia sueña con un mundo de reality de las hermanas Kardashian, pero en el colegio le enseñan a ser recepcionista. A ella, y al otro montón de chicas con las que comparte curso, en una enseñanza estandarizada que parece poco pensada (¿o demasiado pensada?) para el mundo post-salarial al que se enfrentan día a día. Una enseñanza poco pensada para jóvenes que no tienen dinero para comprar nada, pero que al mismo tiempo son bombardeados por la idea de que, para formar parte de la sociedad, tienen que consumir. Es más: para poseer una identidad, tienen que consumir.

Y, sin embargo, estos jóvenes son el enemigo. Tanto gitanos como musulmanes constituyen una otredad para el francés, y una minoría demográfica en crecimiento (en especial en el caso musulmán), pero por sobre todo constituyen una otredad universal para el “hombre medio”: son pobres. Es bastante sencillo crear agrupaciones demográficas con fines electoralistas, y aún más sencillo es convertirlas en el enemigo. “Los pobres”, “los inmigrantes”, “los mexicanos”,  “los judíos”. Es tan fácil sentarse a imaginar un mundo donde estas agrupaciones abstractas se mueven como bárbaros que invaden Roma para quemar casas y violar mujeres, como pensarlos como una avanzada hippie inocentona que viene a generar intercambios culturales pacíficos.

El cine es blanco, burgués y racista” dice Houda Benyamina, la directora de Divines, de origen franco-marroquí, confirmando que nada de lo que filmó es inocente, en una entrevista a The Guardian (9). Reforzando mi interpretación, en la entrevista cuenta que los campamentos tradicionalmente ocupados por romaníes (gitanos, en criollo) ahora tienen gente de todas las etnias habitándolos, incluyendo franceses blancos. Benyamina dice que el film no es sobre la etnicidad, sino que: “Es una película sobre la pobreza, sobre la injusticia. En eso estoy verdaderamente interesada”.  Poco después, compara a los jóvenes árabe-franceses con el movimiento punk, describiendo sus costumbres como una identidad de protesta, más interpelada por las evocaciones a la riqueza fácil de un narcotraficante como Rebecca que por las ideologías tradicionales y conservadoras de sus padres (como los padres de Maimouna) (10).

En medio de una reseña llena de citas traídas de los pelos, voy a permitirme una última como cierre, de un libro del siempre polémico pensador esloveno Slavoj Žižek: “Nos encontramos con un viejo problema: ¿qué ocurre con la democracia cuando la mayoría se siente inclinada a votar por, pongamos, leyes racistas y sexistas? No me da miedo extraer la conclusión de que las políticas emancipadoras no deberían verse limitadas a priori por procedimientos formales y democráticos de legitimación. No, muy a menudo la gente no sabe lo que quiere, o no quiere lo que sabe, o simplemente quiere algo que está mal. Aquí no es posible ningún atajo.

Y yo me pregunto: ¿Qué pasa cuando el enemigo más fácil es un mantero en Once o el venezolano que nos trae sushi en una bicicleta puesta al servicio de PedidosYa?


(1) Aprovecho para decir que es incomprensible que Despentes haya publicado Vernon Subutex en tres tomos en vez de cómo una sola gran novela.

(2) Entrevista a Chimamanda Ngozi Adichie en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, el 4 de octubre de 2017. Disponible en:

http://www.cccb.org/es/multimedia/videos/conversacion-con-chimamanda-ngozi-adichie/227624

(3) Datos consultados en: https://factfinder.census.gov/. Según información del año 2016 (la última disponible), hay 40241818 de ciudadanos “negros” en Estados Unidos, de un total de 318558162 personas (un 12,63%). En comparación, los ciudadanos “caucásicos” representan  el 73,35% de la población (233657078)

4 Rodríguez-Rata, Alexis (9 de abril del 2018). “La mirada tuerta con la ‘invasión musulmana’”. LaVanguardia.com. Disponible en: https://www.lavanguardia.com/internacional/20180409/442349947312/gps-mirada-tuerta-invasion-musulmana-europa.html

(5) Salazar, Claudia (30 de septiembre de 2017). “Chimamanda Ngozi Adichie: ‘Nuestra época obliga a tomar partido’”. El País Semanal, España. Disponible en: https://elpais.com/elpais/2017/10/01/eps/1506809126_150680.html

(6) Sardá, Juan (24 de abril del 2017). “Atacar a Dios es arriesgado, pero es divertido”. El Cultural, España. Disponible en: https://www.elcultural.com/noticias/letras/Michel-Houellebecq-Atacar-a-Dios-es-arriesgado-pero-es-divertido/10711

(7) En un pequeño giro feminista poco convencional, Rebecca le dice a Dounia: “Tenés clítoris, me gusta eso” (una reversión del chabacano “Tenés huevos” y variantes).

(8) Dounia y Maimouna son inmigrantes a los ojos de cualquier francés, sin importar si son nacidas en Francia o no.

(9) Rose, Steve (10 de noviembre del 2016). “Divines director Houda Benyamina: ‘It’s better to make a film than a bomb’”. The Guardian, London, UK. Disponible en: https://www.theguardian.com/film/2016/nov/10/divines-director-houda-benyamina-its-better-to-make-a-film-than-a-bomb

(10) Quiero aclarar que encontré esta entrevista cuando ya tenía todo el resto de la reseña escrita. La hipótesis sobre el foco en la pobreza la había tomado antes de leer la nota, que sirvió para confirmar mis ideas.

Bibliografía

Despentes, Virginie (2016). “Vernon Subutex – Volumen 1”. Editorial Random House, Buenos Aires, Argentina.

Houellebecq, Michel (2015). “Sumisión”. Editorial Anagrama, Buenos Aires, Argentina.

Zižek, Slavoj (2016).  “La nueva lucha de clases: Los refugiados y el terror”.  Editorial Anagrama, Barcelona, España.

 

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