¡Tiren los libros! (Sinceramente tuyo)

Claudio Sprejer (1)

 

“No escojas solo una parte, 

tómame como me doy

entero y tal como soy,

 No vayas a equivocarte. 

Soy sinceramente tuyo …”

 

Hace más de veinte años que tomé una de las decisiones más importantes de mi vida. Corría el año 1995 y, con mi mujer embarazada de 8 meses esperando a mi segundo hijo, decidí dejar el comercio para dedicarme por entero a la docencia, profesión con la que había empezado a coquetear, sin tomarla demasiado en serio, unos siete años antes pero que, mucho después, entendí que en realidad había empezado a aflorar en mí a los doce años cuando transitaba séptimo grado. Tal decisión hubiese sido controvertida, si no me hubiese pasado que, la misma tarde en la que le dije a mi viejo el “no va más”, salí del colegio en el cual ya dictaba desde hace años clases de informática y de ajedrez, y al dar vuelta la esquina me encontré con una compañera de trabajo con la que hacer un poco de catarsis, y gracias a que le conté lo reciente de mi decisión (y porque me valoraba mucho) me recomendó a una consultora educativa, la cual inmediatamente me contrató y me puso a trabajar en el viejo Colegio Guido Spano. Desde entonces he integrado el inmenso mundo de los docentes hechos trabajando en el aula “con lo que hay”, aprendiendo y creando sin materias pedagógicas de facultad ni demasiadas teorías provenientes de las personas que piensan la educación. Sentido común, pasión, ganas, experimentación, ensayo y error quizás hayan sido mis pociones mágicas para que, a tantos años de mi primera clase, no sólo continúe “saliendo al escenario” sino que también me sigan dando ganas de explorar un terreno en el que casi siempre siento que perdemos por goleada.

 

“…pero no quiero mi amor

ir por tu vida de visita

vestido para la ocasión

Preferiría con el tiempo

reconocerme sin rubor…”

Contando mi micromundo

Quizás por una cuestión inherente a mi carácter, casi siempre me he sentido en deuda. En el caso particular de la profesión de docente, me siento en deuda por no haber hecho un profesorado, me siento en deuda por no dedicar el tiempo que sería necesario (el todo), me siento en deuda por tardar en corregir, … me siento en deuda con la propia deuda. Ese sentimiento irremediablemente condenatorio a un diván, esa falta Lacaniana, ese pensar Socrático de no saber, me ha convertido en un ser angustiado por las madrugadas previas al trabajo. Las cinco de la mañana se convierten en el terreno fértil para todos mis miedos, aunque en el preciso momento en el que estoy escribiendo estas notas, siento miedo porque casi con seguridad no lograré estar a la altura de lo que se me pidió escribir… Entonces, si se me permite la digresión, voy a ponerme a mí mismo como objeto de análisis para luego intentar extrapolarlo a lo que yo llamo “mi micromundo” y así intentar afirmar algún concepto que tenga sentido y nos acerque a alguna reflexión. Tengo ganas de hacer ruido, y prefiero hacerme reconocer sin rubor.

Un niño, un adolescente, un profesional

Lo primero que quiero, es hacer la siguiente afirmación temeraria: ¡¡¡Señoras y señores, tiremos los libros que hablan acerca de teorias educativas!!!

Ya está, ya lo dije. Mientras esquivo los tomatazos que me caen, quiero reflexionar acerca de esta afirmación.

He leído teóricos, he escuchado teóricos, he querido implementar teorías, he visto cientos de compañeros -muy formados ellos-; incluso he tolerado estoicamente que exhiban sus logros académicos, hablen de sus títulos y diplomas, y castiguen impíamente sobre mi complejo de inferioridad; a la hora de la verdad, la gran mayoría de las veces no han podido ni han tenido la voluntad ni mucho menos la perseverancia de aplicar casi nada; sólo han tenido que enfrentarse (y la palabra “enfrentarse” tómenla en el sentido estrictamente literal) con las variantes infinitas de cada ser a quien hay que educar. Y voy a ser extremo, he visto hasta el cansancio maestros/as y/o profesores/as que han aprovechado cualquier oportunidad para huir hacia un cargo pasivo detrás de un escritorio. Y acabo de esquivar un butacazo…

Lo segundo que quiero decir es que he sido un niño por momentos sufriente y desinteresado y que, probablemente lo único que ha logrado sacarme de ese estado y llevarme al actual fue el reconocimiento del adulto docente, el hacerme sentir que soy un individuo y que tengo un espacio de valoración y estímulo a mi persona y a mis producciones. Y quiero decir que, salvo quizás en el caso de las ciencias exactas, el merecimiento es casi siempre relativo y cuanto menos discutible. ¿Quién merece mayor atención? ¿El alumno aplicado, el inconstante que adquiere cierta constancia, el rebelde que acuerda, el inteligente, el intelectual, el dócil, el esforzado sin éxito, el exitoso, el que tiene problemas familiares o el que no los tiene?

 

“Cuentale a tu corazón

que existe siempre una razón

escondida en cada gesto

del derecho y del revés

uno siempre es lo que es

y anda siempre con lo puesto …”

Todos andamos con lo puesto

Entonces, si a esta altura de mis afirmaciones tienen ganas de pelearme, lo único que les pido encarecidamente es que, de ser posible, no me tiren con papers ni con expresiones de otros autores. Simplemente explíquenme por qué, en una sociedad tan dinámica, tan cambiante, yo puedo aplicar simples reglas imaginadas por algún antecesor sin tener en cuenta que cada año, cada mes, o quizás cada minuto, nuestro perfil de alumno muta. Ni siquiera podríamos establecer un patrón común entre diez niñitos de la misma edad Lo único con lo que podemos contar hoy en día es con el hecho de que están “obligados” (y las comillas van porque no estoy ni siquiera del todo convencido de que realmente lo estén) a asistir a un espacio que, desde hace cientos de años transcurre empezando más temprano que lo que nuestro cerebro toleraría para ponerse lúcido y ocurre entre cuatro paredes, un techo y un piso, y en donde todos se ubican en un “orden” (otro entrecomillado para levantar sospechas) y responden a estructuras de tiempo totalmente rutinarias.

 

“Y no es prudente ir camuflado

eternamente por ahí

ni por estar junto a ti

ni para ir a ningún lado

No me pidas que no piense

en voz alta por mi bien

Ni que me suba a un taburete

si quieres probaré a crecer…”

 

A esta altura, si es que no han abandonado la lectura, seguramente alguno de ustedes, abnegados y pacientes lectores, estarán esperando por parte mía una idea, tal vez una lista de sugerencias, o quizás una receta. Lamento decirles que no la tengo, y si la tuviera en el lapso en que se lee este editorial ya no serviría más. Intento, como el título de nuestra revista, hablar “Deceducando” (acéptenlo, con Ce). Les confieso que me siento en deuda con ustedes.

 

“Nunca es triste la verdad

lo que no tiene es remedio

(1) Docente de amplia trayectoria enseñando tanto Informática y Educación Tecnológica como Ajedrez en los Niveles Inicial, Primario y Medio, ha publicado numerosos trabajos y proyectos a lo largo de su carrera por los que ha obtenido diversos reconocimientos. Algunos de ellos son: Premio a la trayectoria como Profesor de Ajedrez, otorgado por el Ministerio de Educación de la República Argentina, año 2007; Finalista del concursoIntel-Educ.ar, Proyectos educativos utilizando herramientas tecnológicas, años 2006 y 2007; Premio “Una ventana al futuro” (Fundación Telefónica, noviembre de 2012) como profesor orientador y corrector en escritura de cuentos; “Colegio tecnológico: ¿pérdida de control o nuevos liderazgos?aprobado por el Comité de Arbitraje de la publicación académica “Reflexión Académica en Diseño y Comunicación” [ISSN: 1668-1673], evaluada con 1 (nivel superior de excelencia) por CAICYT – Centro Argentino de Información Científica y Tecnológica / CONICET , escrito en co-autoría con Lucía Merino, Buenos Aires, año 2015. En su faceta de escritor de ficción ha publicado “Mis mujeres en minúscula”, Ed. Corregidor, año 2009, Buenos Aires; ha obtenido Accesit y Premio de poesía, I certamen de Poesía “Revista Literaria Katharsis”, España, marzo de 2009; El Tablero Abandonado I y II (educ.ar, 2010/2011)

 

Comentarios

  1. MI POSICION AL VER LAS HABILIDADES DE LECTURA QUE UTILIZA MI BIBLIOTECARIA ES ASOMBROZA Y EL MATIZ MUY VARIADO, EL COLEGIO TIENE JORNADA COMPLETA EN LA RURALIDAD PERO TE GARANTIZO QUE USAN LA TECNOLOGIA PERO LOS ATRAPAN LOS LIBROS Y VISITAS DE VARIOS ESCRITORES.

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