Carina Lion: Jardines, Senderos, Pedacitos y Educación

(Antes del lanzamiento del segundo número de la revista, “deCeducando” tuvo la oportunidad de dialogar con Carina Lion(1) acerca del estado actual del sistema educativo argentino y los desafíos que deberá enfrentar en caras al futuro).

Cuando decidí entrevistarla, entendiendo que iba a charlar con una “buscadora” dentro de la rama de la tecnología educativa, me interesé más que nada en intentar traerla a sus comienzos, hace ya veintipico de años, cuando ella daba sus primeros pasos enseñando hebreo en escuelas secundarias de Capital. Ahí la conocí y desde allí intento hacerla recorrer el trayecto hasta su actualidad dirigiendo el área de Nuevas Tecnologías de la UBA. Me encontré con una persona inquieta… las ideas revoloteando el espacio del C.I.T.E.P. (Centro de Innovaciones en Tecnología y Pedagogía).

Carina Lion: Soy hija de padres contadores y, por lo tanto, fue casi una continuidad familiar el haberme anotado para cursar el secundario en el Carlos Pellegrini. Enseguida me di cuenta de que la contabilidad no me gustaba, pero igualmente seguí cursando en el colegio (nos tocó dictadura y en la mitad democracia); de todos modos hoy valoro mucho lo aprendido de contabilidad en esos años, porque en los cargos de gestión  tengo que manejar todo el tiempo “exceles” con presupuestos por doquier y cosas contables también. Tuve desde muy chica la certeza de que estudiaría algo afín a la educación, aunque no llegué a madurar bien la decisión porque, cursando el quinto año de la secundaria, fue caótico que nos obligaran a decidir qué seguir ese mismo año (ya que fue el año en el cual se inauguró el “CBC” para ingresar a la UBA). Se nos vino todo encima un año antes. Con ese apuro no sabía si dedicarme a la química, ciencia que me atraía y en la que me iba muy bien, o a la educación. Finalmente opté por educación. Esto de las vocaciones es difícil. Uno es multifacético, así que, ¿cómo ir juntando nuestros pedazos para llegar a la decisión correcta?

Mientras estudiaba en la facultad, paralelamente también lo hacía para “morá”. Ya trabajaba como docente de hebreo y seguía la UBA. Antes de terminar la carrera, ingresé como adscripta en la cátedra de Edith Litwin quien, por esas cosas de la vida, me llevó para el lado de la tecnología educativa, que también me encantaba. Mis primeros trabajos luego de recibida fueron como asesora pedagógica en farmacia y bioquímica, con lo cual se volvió a entrecruzar mi afinidad con la química, mezclando otra vez mis distintos “pedazos”. Fue ahí cuando Edith me comenzó a advertir:  “Tenés que focalizar” (cosa que a  mí me costó mucho y me sigue costando; si no me divierto la cosa no funciona). Finalmente allí fue que me volqué de lleno hacia la tecnología educativa como docente, como investigadora y ahora como productora de software. Yo me defino como creativa, por eso cuando me aburro es un problema. Necesito volver a tener un desafío. Cada vez que me ofrecieron la dirección de una escuela dije que no, porque no me veía levantándome todos los días para ir a ese mismo lugar.Era algo que se me ofrecía como una imagen de muros, rutina…

Por otro lado, ya hace cerca de veinticinco años que trabajo en el sector público. Eso para mí también fue una decisión importante, ya que me gusta trabajar pensando en la gente que lo necesita. El campo privado no es para mí. Nunca pude ir demasiado tiempo a una empresa, no comparto la idea de la gerencia y la rentabilidad. No me cierran los “parámetros empresariales”. No me mueve el dinero, sino el desafío.

Claudio Sprejer: Buscando esos desafíos, y dado que yo te conocí en el aula, ¿cómo medís la penetración de lo que producís dentro de una clase en la cual vos no estás? ¿Te parece que sirve y se aplica?

CL: Te voy a decir algo que no es políticamente correcto: La capacitación impacta muy poco en las aulas. Vos tenés docentes con un programa como Conectar Igualdad, capacitándose permanentemente y, sin embargo, esa capacitación no penetra. En su momento monté CEPA a distancia, después se desmanteló… La realidad es que no me parece la vía más efectiva, porque el docente cambia poco. Quizás agrega algo tecnológico y nada más, no interpreta a la tecnología como algo que puede cambiar la práctica. La clase en esencia no cambia si el docente agrega un power point. La cuestión es pensar la clase como algo totalmente diferente y eso todavía no lo veo, o lo veo en pocos casos. Algunas veces logramos construir relatos de docentes que cambiaron su manera de educar, pero la realidad es que son docentes que siempre tuvieron esa “cabeza de cambio”, de romper el patrón clásico del conocimiento. El docente que quiere seguir en su lugar de comodidad, lo que hace es modernizar lo clásico, no transformarlo. Últimamente, acuné la idea de la “pedagogía en la incomodidad”, es decir, hacer que no te alcance lo que estás enseñando porque tus alumnos te están exigiendo hacer otra cosa. Hoy vos sabés que el pibe, mientras hablás está “googleando”, que se pasa las tareas por whatsapp..Es un hecho, no importa si bueno o malo. Entonces, ¿cómo lo aprovechás? Pensemos otros modos de evaluación, por ejemplo.

Por otro lado, la escuela secundaria tiene un formato muy difícil de romper. ¿Cómo encajo a un docente que va de una escuela a otra? ¿Cómo encajo a un alumno que no sobrevive a esta estructura de escuela?

Lo que se va incluyendo de tecnología es, otra vez, el mismo aula pero con una pizarra..No cambiaste el espacio. Hay que pensar todo el espacio escolar intervenido para el aprendizaje, no sólo la idea de que sólo se aprende en el aula. Hay que pensar los espacios distintos.

CS: ¿Estaría bueno que alguien arriesgara alguna vez, no?

CL: Finlandia lo hace, o Dinamarca. Diseñan aulas flexibles; todo se va moviendo en función de lo que necesitan. Romper esa idea del espacio… Se aprende en el pasillo, se aprende en los baños con los grafitis. Es algo para pensar. ¿Qué apertura tienen los directores? Cuando los directivos tienen una cabeza más amplia los docentes se sienten más habilitados para el cambio.

Otro error es cuando nosotros le pedimos a nuestros alumnos un cambio, pero ese cambio es según las ideas de nuestra época.¿No podés resumir? Y…no…¡hay big data! Les pedimos jerarquizar en un contexto de poca jerarquización de la información. ¿Y si cambia la ortografía y da lo mismo escribir con ce y con ese?¿Cómo sabemos qué es lo que va a pasar? El lenguaje es una cuestión arbitraria.¿Y si las convenciones cambian? ¿Cómo tiene que ser la escuela hoy?¿Para qué tipo de ciudadanía se tiene que educar? Está claro que hoy es otra ciudadanía muy distinta a la de la ley 1420.¿Cuánto los estamos preparando? La escuela no quiere asumir problemas que ocurren afuera pero que deberían enseñarse adentro. Como todo lo referente a lo que ocurre dentro de las redes sociales tecnológicas. Ese es un “temón” muy difícil. Pero son temas de la escuela. La escuela no puede esquivarlos más.

(1) Carina Lion es Doctora en Educación (UBA), especialista en Formación de Formadores, licenciada y profesora en Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA). También es docente en la cátedra Tecnología Educativa y en la maestría en Tecnología Educativa de la UBA. 

 

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