La autoridad pedagógica en tiempos de cambios

Javier Lamónica(1)

Alumnos que no prestan atención, que no quieren estudiar, que no tienen respeto por nada. Docentes que no pueden enseñar, que no quieren ir a trabajar, que no soportan a sus alumnos. Padres ausentes en sus hogares, padres que invaden los colegios. Familias que no contienen, escuelas container, juventud perdida, ausencia de valores. Fin de la historia.

La sensación de que se avecina el apocalipsis parece atravesar al sistema educativo desde hace algún tiempo. En las últimas décadas una serie de cambios han penetrado profundamente en las instituciones escolares redefiniendo el rol de los actores que las integran, generando nuevos retos y reabriendo viejos interrogantes.

La revolución tecnológica, los cambios en la estructura familiar y el paradigma de una escuela sin exclusiones, que debe plantearse como objetivo prioritario el aprendizaje como actividad centrada en los alumnos, y no la mera actividad discursiva en la que los protagonistas son los profesores, trajeron como consecuencia una crisis en las identidades colectivas de los docentes y un aumento de las exigencias y responsabilidades que hacen a su oficio. Hoy por hoy, ya no alcanza con saber de la materia, sino que es necesario facilitar los contenidos a los alumnos, establecer una relación afectiva con ellos, brindar una atención específica a aquellos que presentan mayores dificultades y realizar una enseñanza centrada en valores.

La idea de un profesor que debe ser a la vez un poco psicólogo, asistente social y sociólogo, convierte a la tarea de enseñar en una actividad tan compleja que muchas veces se presenta como imposible. Las demandas crecientes por parte de los alumnos, reconocidos ahora como sujetos de derechos específicos, han alterado las relaciones de poder establecidas entre los diferentes actores, poniendo en crisis los dispositivos escolares tradicionales. En este sentido, la convivencia se hace cada vez más difícil cuando ya no es posible recurrir a las viejas estrategias para hacer frente a los nuevos problemas.

Los cambios en el campo de las estructuras y dinámicas de las configuraciones familiares se suman a las transformaciones antes señaladas. La idea de que la escuela no puede contar con el apoyo de los padres modifica la imagen del colegio como una segunda casa, y lo convierte en un lugar en donde, no solo se deben desarrollar las tareas tradicionalmente asignadas a esta institución, sino también aquellas que no se desempeñan en el hogar.

En este marco, las preguntas acerca de la autoridad dentro del ámbito educativo, sin ser un fenómeno nuevo, cobran mayor visibilidad. Las preocupaciones emergen cuando se cuestiona su ejercicio y cuando se ven fallas en su funcionamiento. Ante esta situación aparecen quienes pretenden restituir la autoridad perdida y quienes rechazan toda forma de ejercicio de la misma.

Actualmente vemos que el carácter de la autoridad fuertemente vinculado al pasado y ligada a la tradición, está dando lugar a una etapa caracterizada por un rechazo por lo “viejo” y la exaltación de la eterna juventud. Esto da lugar a una simetría entre jóvenes y adultos que es definida por Messing (2010) como  “mimetización generacional”. Si bien este equilibrio en las relaciones de poder, y las conquistas obtenidas en las últimas décadas, tras el repliegue de las instituciones disciplinarias, podrían hacernos creer que hemos alcanzado un mayor grado de libertad, esto no parece suceder y lejos de desaparecer, las autoridades se han multiplicado (Bauman, 2005).

En esta misma dirección se encamina Erhemberg (2000) al señalar que el debilitamiento de los lazos sociales nos ha enfrentado a la confusión entre múltiples referentes más que a su pérdida. Como señala el autor, el avance de la democracia ha aumentado nuestro grado de soberanía, pero nos ha dejado en la situación de tener que juzgar por nosotros mismos y de construir nuestros propios referentes.

De una sociedad en la que primaban autoridades opresivas, en la cual los poderosos actuaban con indiferencia a los deseos de los subordinados, hemos pasado a una comunidad compuesta por individuos autónomos que deben autorregularse y autogobernarse (Sennett, 1982). Las conquistas obtenidas en materia de derechos humanos han implicado un retroceso de la violencia como forma de castigo. En este marco, la autoridad debe recurrir a nuevas estrategias para mantener su imperio.

Es cierto que la autoridad ya no es lo que era (a Dios gracias), pero eso no es igual a decir que ya no existe. El reconocimiento de la autoridad ha dejado de ser un dato evidente que resultaba de la posición ocupada en una determinada estructura jerárquica. Dentro del ámbito escolar, esta situación obliga al docente a buscar nuevas estrategias para confirmar su estatuto de autoridad. Está obligado a hacer “algo más”, a diferenciarse del resto. Como señala Todorov (2008), esto deriva en una situación angustiante en donde el apetito de reconocimiento es desesperante e insaciable. Como señalamos antes, para lograr ese reconocimiento, al docente ya no le va a alcanzar con ser el portador de un conocimiento determinado y estar habilitado para ocupar el espacio asignado. Va a tener que demostrar, sacar a relucir, exhibir sus credenciales; ya que como decía mi abuelo, “solo en la cancha se ven los pingos”.

(1) Profesor de Historia (UBA) y Especialista en Gestión Educativa (Universidad de San Andrés). Integrante de la Red de Investigadores sobre los Vínculos en la Escuela (Observatorio Argentino de Violencia en las escuelas), dependiente del Ministerio de Educación de la Nación. Ha participado, como expositor, de diferentes seminarios y congresos sobre la problemática y lleva publicados diversos trabajos sobre el tema (“La autoridad pedagógica en tiempos de cambios”, en Silvia Macri, Querido maestro, que en paz despiertes, Grupo de Escritores Argentinos, 2011; Violencia en la Escuela, Evaluación Institucional, Observatorio Argentino de Violencia en las Escuelas, Ministerio de Educación, 2012; “Una mirada sobre los vínculos en la escuela”, en Silvia Macri, Querido maestro, que en paz despiertes (segunda parte), Grupo de escritores argentinos 2014.

Referencias bibliográficas

  • Bauman, Z (2005). Amor líquido Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.
  • Ehremberg, A. (2000). La fatiga de ser uno mismo: depresión y sociedad Buenos Aires: Ediciones Nueva Visión
  • Messing, C. (2010). Simetría entre padres e hijos: efectos de la mimetización inconsciente con los adultos a nivel emocional, educativo, vocacional y social Buenos Aires: Noveduc
  • Sennett, R. (1982). La autoridad. Madrid: Alianza.
  • Todorov, T. (2008). La vida en común. Buenos Aires: Taurus.

Comentarios

  1. Hermoso y complejo artículo…La Autoridad, rechazamos todo?, repartimos las cartas de nuevo? O existirá un justo, sano y necesario equilibrio entre lo añejo (ciertas tradiciones) y lo nuevo (el celular en el aula)???

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